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Rafael García Romero

Juan Bosch: cartas escritas en el exilio

Juan Bosch: cartas escritas en el exilio

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Por Rafael García Romero

(Donde el autor cuenta cómo escribió la versión definitiva, en 13 días, de su novela “El oro y la paz”, en Puerto Rico; y que originalmente empezó a escribir en Cuba, luego de trabajar apuntes tomados en Bolivia en 1955 y Chile en 1956. Son cartas que tienen, o van a tener 50 años de haber sido escritas por los autores involucrados)

El primer coloquio sobre “El Oro y la Paz”, de Juan Bosch, lo organizó el intelectual y académico, Bruno Rosario Candelier cuando se dio a conocer la primera edición dominicana de la novela. La actividad contó con la participación de Adriano Miguel Tejada, Cipriano Ibáñez, Amiro Cordero Saleta, y Apolinar Núñez. En su momento cada uno de los  ponentes escogió un tema sobre esa importante obra del escritor vegano, y que desarrolló en el lapso de 20 minutos. Ese encuentro contó con la presencia del autor, Juan Bosch.

El acto se celebró en Moca, en el Teatro Don Bosco, el 21 de marzo de 1976. Eran los días en que Juan Bosch estaba inmerso en la formación ideológica del Peledeísmo con el ideal liberador y la orientación ética de su visión social y política.

El texto que leyó Bruno Rosario Candelier en el coloquio fue publicado en su libro “La narrativa de Juan Bosch”, y que afortunadamente tengo en mi biblioteca.

En torno a esa novela hay una historia que no conocía Bruno Rosario Candelier y nadie del panel, a la hora de hacer ese coloquio; y que tampoco reveló Juan Bosch esa noche. Se trata de cómo reescribió la obra hasta llevarla a la versión que se conoce hoy en día, luego de “trece días de trabajo febril” en Puerto Rico.

La carta que transcribo resulta altamente reveladora; y con ella, pongo punto final a esta parte sobre los orígenes de esta segunda y última novela escrita en 1957 y publicada, cosa curiosa, en 1975, fecha que se consigue invirtiendo los dos últimos años de la fecha original de cuando la escribió su autor en Cuba.

La carta dice así:

Si ustedes no fueran escritores estarían pensando que desde los días de Adán no ha nacido hombre más ingrato que yo, pero como son escritores se explicarán mi silencio o cuando les diga que entre el día 13 y ayer, día 25, reescribí –y prácticamente escribí de nuevo– “El Oro y la Paz”; y a fin de que hablen por mí los papeles –para hacer bueno el cuento del árabe: “ Papelitos Hablan”–pongo al correo junto con esta carta, pero en paquete separado, una copia del manuscrito original, tal como ha salido en esos trece días de trabajo febril.

Voy a contarles la aventura: Suprimí varios capítulos de la versión original; unos los reduje a párrafos que dispersé dentro de otros capítulos, otros fueron aniquilados como enemigos malos; la totalidad del libro fue reducida página por página suprimiendo todo lo que me pareció superfluo. ¿Por qué? Pues porque he querido darle a la novela el mismo interés que tienen las novelas de detectives o policiales, conservar al mismo tiempo los valores psicológicos que faltan en este tipo de novelas, acentuar la tensión del cuento en un ensayo de técnica cuentística para muchos capítulos, y a la vez preservar los valores filosóficos que me propuse tratar en el libro.

Todo esto puede dar por resultado un híbrido, y los híbridos tienen virtudes y sus defectos, como podemos ver en el ser humano que es un híbrido del demonio y de los ángeles. Pero en la fiebre del trabajo a mí no me han resultado fácil discernir si mi híbrido es malo o peor; y por eso se lo envío a Abel para que lo lea y me diga: “Te equivocaste, Juan; no es peor, es peorísimo”. Pero si a pesar de eso cree que Knopf puede publicarlo –¿y por qué no, si en el mundo se hacen todo los días cosas malas y hasta se cometen crímenes? –, que le pase el manuscrito –o mecanoscrito, para ser verídico—a Cameron, cuya dirección no tengo.

Puede que ustedes hallen algunas faltas y erratas, lo cual se explica porque yo soy mecanógrafo de oídas. Por favor, si hay alguna gruesa, me la anotan para corregirla. Y ya acabo con “El Oro y la Paz”.

Ahora voy a la paz sola, a la paz sin límites que disfruté—y disfrutamos todos los de la tribu Bosch—en West Woods. Tal vez sólo de una manera podría decirlo: West woods y el cariño de ustedes, la generosidad y finura de ustedes, me quitaron años de arriba y me sacaron de las venas un cansancio viejo que venía arrastrando desde no sé cuándo, y en su lugar pusieron una luz que da alegría y da entusiasmo y necesidad de crear algo bello.

Ayer llegaron las fotos, ¿y saben ustedes cuál fue la que más me gusto? Pues la de la casa; porque la casa era el paisaje y ustedes en él, la casa era los Árboles secos de hojas y virilmente amables,  la chimenea condenada que echaba humo pero nos reunía a charlar.

¡Ah esa casa blanca de west Woods –o Westwoods, si les parece–, ya inolvidable para Carmen, Barbarita, Patricio y yo; inolvidable como si fuera la casa donde se tuvo una infancia feliz.

Doris, Abel: gracias.

Cuenten con el cariño de

Juan Bosch

  1. Enviada por Juan Bosch desde Río Piedras, Puerto Rico, a Doris y Abel, a quienes solo identifica como escritores, sin ofrecer en la carta los apellidos de los destinatarios. Entonces el autor de “El oro y la paz” vivía en Puerto Rico. La carta está fechada el 26 de enero de 1964).

Agradecimiento. La carta corresponde al “Archivo de Juan Bosch”, disponible en la web. El óleo de la ilustración, donde figura Juan Bosch con el patricio Juan Pablo Duarte de fondo, ya que esta carta –escrita el 26 de enero– coincide con la fecha de su nacimiento, corresponde al laureado artista plástico dominicano Miguel Núñez.

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Juan Bosch: cartas escritas en el exilio

Juan Bosch: cartas escritas en el exilio

Por Rafael García Romero

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(Donde el autor cuenta qué pasó con su novela “El oro y la paz” antes de ser publicada. Son cartas que tienen, o van a tener 50 años de haber sido escritas por los autores involucrados)

No voy a hacer ningún comentario de introducción sobre estas cartas, solo que se tratan de documentos que ponen de manifiesto, una vez más, que la palabra escrita tiene la particularidad de viajar a través del tiempo y las fronteras de la nostalgia y el recuerdo para traer como nuevo algo que ya se dijo en el pasado.

Dos informaciones saltan a la vista. Primero, la contratación como Escritor Residente de Juan Bosch en la Universidad de Puerto Rico; y segundo, la permanente labor que hizo durante varias décadas con esta Universidad y distintas casas editoriales para hallarle destino a muchos de sus libros. En la asegunda mitad del siglo pasado era muy difícil contar con el respaldo de un agente literario. En su caso, exiliado, solo y sin contar con más recursos que su intelecto, quién mejor que él para hacer ese trabajo. En tal condición, precisamente,  “El oro y la paz”, fue uno de sus libros con el que más insistió para hallarle mercado, mucho antes de tener terminada la versión definitiva que se conoce hoy.

Las palabras nunca alcanzan  –dijo Julio Cortázar – cuando lo que hay que decir desborda el alma. A través de estas cartas escritas en el exilio se cuenta esa historia hasta el desborde de un escritor que tuvo que vivir en el exilio y sujetar su oficio a esa condición de desarraigo. Oficio que pudo desarrollar, y dejó sus frutos, gracias a los brazos de la solidaridad (y el apoyo necesario), que a veces llegó espontáneamente y otras veces consiguió librando batallas existenciales, separado de la familia y tocando innúmeras puertas.

Primeras noticias de “El oro y la paz”

Acuso de recibo de su carta de fecha 26 de septiembre próximo pasado y de los mapas para su obra DAVID, que son muy buenos.

Les vamos a hacer arreglar aquí. El libro ha sido aprobado por nuestro consejo Editorial y le adjuntamos a la presente Ercilla; firma subsidiaria nuestra, a quien hemos cedido nuestra colección biografías. La obra será programada para 1957.

Respeto a su obra EL ORO y LA PAZ, tenemos sumo interés en conocerla y le rogamos nos envíe el original para su estudio tan pronto lo termine (1).

Retira la novela de un concurso literario

Soy autor de la novela “El Oro y la Paz”, que bajo el seudónimo de Patricio Gaviño fue enviada al concurso de O’Cruzeiro, según figura en la lista que aparece en el número de la revista correspondiente al 16 de febrero.

Como el resultado del concurso ha sido demorado para mediados de abril, según informa O’Cruzeiro, le agradeceré dar las órdenes pertinentes para que “El oro y la paz” sea retirada. He resuelto transformar el último capítulo a fin de darle un final más lógico, y si resultara premiada me vería forzado a aceptar que se publicara con el final que no es ya el que le he dado.

Espero que tenga usted la gentileza de complacerme y que esta decisión mía no causara ningún perjuicio ni a Ud. ni a O’Cruzeiro ni al Concurso.

Atentamente le saluda

Juan Bosch Gaviño

Carnet No. 1565 de la Asociación Nacional

de Profesionales Publicitarios de Cuba

Nota: Doy bajo mi firma el número de mi carnet para que pueda comprobarse que soy el autor de “El Oro y la Paz” cotejándolo con el que aparece en el sobre cerrado enviado con los tres originales de la novela (2).

Informa sobre original de la novela

Le dejo, con ésta, los originales de “Resultados continentales de una Guerra Social”, un ensayo de interpretación histórica que tal vez pueda explicar por qué Bolívar se lanzó por América a liberar pueblos.

Este es el primer fruto de mi trabajo como Escritor Residente de la Universidad, posición que debo a su generosa actitud con los intelectuales forzados a vivir fuera de su ambiente nacional. Espero poder presentarle en el mes que viene los originales de una novela y en el mes de junio los de un libro que hasta ahora tiene el título de “Inventario Dominicano: 1961-1963” (3).

Historia de su origen

Tengo el gusto de enviarle con la Dra. María Teresa Quidiello la versión definitiva y el borrador original de mi novela “El Oro y la Paz”.

El borrador fue escrito en La Habana, Cuba, en los primeros meses del año 1957. Parte del final de ese borrador se perdió, así como las notas que había tomado en 1955 en Bolivia y Chile, las notas que había escrito en Chile hacia 1956 para definir el carácter de cada uno de los personajes, y el plan de la novela hecho en La Habana en enero de 1957, todos los cuales quedaron en La Habana cuando salí de allí en 1958. Me hubiera gustado poder hacerle envío de ese material porque de esa manera podría seguirse paso a paso la evolución de una novela, ya sea pobre como la mía, ya sea buena o excelente como las de muchos autores conocidos.

En la novela hay un personaje norteamericano; como podrá Ud. ver a partir de la página 98 del borrador original, ese personaje que en la versión definitiva se llama John Caldwell y es natural de Sharon, Connecticut, se llamaba en 1957 John Kennedy, natural de Boston… y moría –y muere– de un tiro en la cabeza disparado por una loca. Debo advertirle que en 1957 yo no tenía idea de que existiera un político llamado John F. Kennedy, y si en aquella época resolví cambiarle el nombre, fue porque advertí que Kennedy es un apellido irlandés, los irlandeses son católicos y mi personaje no era católico.

Como parte de mi trabajo aquí he escrito –y se encuentra en manos de los editores– “Crisis de la Democracia de América en la República Dominicana”, el cual tendré el gusto de poner en sus manos oportunamente. Creo que este trabajo, reunido con “Trujillo: Causas de una Tiranía sin Ejemplo”, puede ser útil para el estudio de los problemas del Caribe y al mismo tiempo para estudios de Sociología de muchos países.

Volviendo a “El Oro y la Paz”, quiero informarle que desde 1957 no había tenido tiempo ni humor para dedicarme a escribir la versión definitiva, y que si lo he hecho ahora se ha debido sobre todo al generoso respaldo que me ha dado, por su decisión, la Universidad de Puerto Rico (4).

La novela sigue inédita

En una minuciosa carta que escribe en noviembre de1964 hace un inventario de todos sus libros publicados e informa: Están sin publicar: “El Oro y la Paz” (novela) y “Orígenes y Resultados de la Guerra Social Venezolana de 1812-1814” (estudio histórico), dos libros que he escrito en estos últimos meses.

A través de los años mantendría el título original de la novela, pero el estudio histórico que anunció entonces terminó publicándolo con el título “Bolívar y la guerra social”. Esta primera información de la existencia de “El oro y la paz” entra en contradicción con otras cartas fechadas posteriormente, una de ellas enviada a Jaime Benítez, donde establece que la idea inicial del libro nació en Bolivia y Chile, por los años 1955 y 1956, respectivamente; y ya para principios de 1957 empezó a escribir el original en Cuba (5).

Informa que es “Escritor Residente” en Puerto Rico

Le envío con esta una copia del original de “Crisis de la Democracia de América en la República Dominicana”, libro terminado hace dos meses y medio y escrito gracias a las facilidades que ha proporcionado la Universidad de Puerto Rico al contratarnos como escritor residente.

Debo decirle que como he hecho arreglos para su edición inmediata, la obra está ya en vías de publicación en México; y desearía saber cuántos ejemplares necesitaría la Universidad.

Creo que “Creo que Crisis de la Democracia de la República Dominicana” podría complacer, con un libro mío anterior -Trujillo: Causas de una tiranía sin ejemplo”-, un curso sobre la República Dominicana, la cual podría ser interés en el departamento de estudios del Caribe de la Universidad. Se ser así pongo  a disposición de Ud. El último de esos dos libros para que sea editado por la Universidad, por separado o junto con el que ahora tengo el placer de enviarle (6).

Solicita información sobre la novela

No he recibido noticias suyas sobre “EL ORO Y LA PAZ”, y aunque supongo que se debe a preocupaciones y problemas de toda índole podría deberse dar también a que usted no ha tenido ninguna decisión sobre la publicación de esa obra.

Me gustaría que me dijera algo al respecto. Mi nuevo apartamento de correo es P. B. Box 22577, Univeraity Station. Rio Piedras, Puerto Rico (7).

Últimas noticias de la novela

En la cronología que figura en las Obras Completas de Juan Bosch (Primera edición, Tomo 1, narrativa, pág 19, Editora Corripio 2000) figura un dato erróneo. Dice “Durante el año 1964: Bosch termina de escribir, en enero, “El oro y la paz”; en abril “Bolívar y la guerra social”, y a finales de julio, “Crisis de la democracia de América en la República Dominicana”. En cuanto a la novela, según las cartas que doy a conocer del propio auto,r no fue así.

La primera edición hecha en República Dominicana de “El oro y la paz” data de 1975, impresa por la editora Alfa & Omega. En esa edición figura una nota, al final de la novela, que “oficializa” la fecha de inicio de la novela; La Habana, marzo de 1957; y la fecha de su final: Aguas Buenas, Puerto Rico, enero de 1964. Dato que de manera ciega tomaron los editores de las obras completas.

La novela se mantuvo inédita por 19 años, periodo durante el cual su autor hizo varias correcciones al texto original, que inició en Cuba en 1957 y concluyó en Puerto Rico en 1964, según su propio testimonio. Un año después de haberse publicado, el 24 de abril de 1976, el gobierno dominicano, a través de la Secretaría de Estado de Educación, Bellas Artes y Cultos, le concede a Juan Bosch por “El oro y la paz” el Premio Nacional de Novela.

Notas 

  1. Enviada a Juan Bosch, quien residía en Roma en la Pensioné Maria Adelaide Via Maria Adelaide 6. Remite Ramón Zanaitu Onage, director de Editora Zigzag, sito en Av, Santa María No. 76, Santiago de Chile. Enviada el 23 de octubre de 1956).
  2.  Enviada por Juan Bosch desde la calle N, # 330, Entre 23 y 25, Apt. 12. El Vedado, La Habana, Cuba, a Wilson Aguiar, Revista O’Cruzeiro. (Edición en Español). Rua de Livramiento 203, Rio de Janeiro,  Brasil. Está fechada el 14 de marzo de 1958).
  3.  Enviada por Juan Bosch desde Aguas Buenas, Puerto Rico, al rector de la Universidad del país, Jaime Benítez, el 29 de abril de 1964).
  4.  Enviada por Juan Bosch desde San Juan, Puerto Rico a Jaime Benítez, Rector de la Universidad, en Río Piedras. Escrita el 6 de septiembre de 1964).
  5. Enviada por Juan Bosch desde Río Piedras, Puerto Rico, a Don Schimidt. A la dirección 950 Lincoln St. Wooster Ohio. United States, fechada el 17 de noviembre del 1964).
  6.  Enviada por Juan Bosch desde Aguas Buenas, Puerto Rico, al rector de la Universidad del país, Jaime Benítez, el 16 de octubre de 1964).
  7. Enviada por Juan Bosch desde Río Piedras, Puerto Rico, a Gaetano Massa, gerente de Las Americas Publishing Company, sito entonces en 152 East 23 Street, New York 10. M. Y. Está fechada el 12 de noviembre, 1964).

Agradecimiento. Las cartas corresponden al “Archivo de Juan Bosch”, disponible en la web. El óleo de la ilustración, donde figura Juan Bosch con el educador puertorriqueño Eugenio María de Hostos, corresponde al laureado artista plástico dominicano Miguel Núñez.

Instrucciones para convertirse en una personalidad

Instrucciones para convertirse en una personalidad

Por Rafael García Romero

Alguna vez te preguntaste cómo un ser humano asciende desde su condición más simple, crece, acumula éxito, irradia energía, hace de la felicidad su plato del día y toda una comunidad delira por él y termina acogiéndolo y aceptándolo tal como es.

Cuando eso sucede ya esa persona se ha convertido en una personalidad. Es una figura, atrae un aluvión de miradas y despierta el interés, silenciosamente, de toda la concurrencia.

Las personalidades son monarcas sin coronas y todos somos sus vasallos, ya que con una simple mirada o un aplauso inducido terminamos formando parte de su corte, y sin darnos cuenta nos abraza su descomunal energía personal.

A muchos les cuesta pasar del sueño a la realidad. Apenas se ponen el vestido parecen un personaje... algo no funciona, causan admiración y risa, pero se quedan en una especie de término medio, sin completar el ciclo. No consiguen convertirse en una personalidad.

La transformación requiere de un meticuloso proceso. Aquí ofrecemos, si quieres dar el paso, algunas pautas para que te conviertas en una auténtica e incuestionable personalidad.

No improvises o intentes hacerlo con premura y de manera caprichosa. Identifica el tipo de personalidad que quieres ser, trabaja vínculos y cualidades para aquilatarte en cuanto a respeto, temor, admiración, poder, supremacía y fortuna. Enfócate en lo que quieres, date tu tiempo y trabaja con tesón para conseguirlo.

Un primer paso. Tienes que suscribirte a todos los periódicos importantes, contar con servicio de internet y cable. Así conoces el mundo de los grandes eventos y trazas un plan maestro para que los anfitriones incluyan tu nombre entre los invitados. Gana amigos. No olvides que vives en un mundo nuevo. Abre tu página de Facebook. Eso marca tu presencia de manera permanente en la web y cuantos espacios sociales ayuden a su causa.

Acumula puntos y comentarios de aceptación. Haz los arreglos de lugar para que, indefectiblemente, el diario de mayor circulación incluya tu nombre entre los cinco primeros natalicios del día.

No cometas el error de ser puntual en las recepciones. Una vez que llegues escoge un lugar estratégico y busca,  con un discreto barrido de mirada, los grupos de mayor realce y boato. Fíjate en el movimiento de los cronistas sociales, ayuda mucho cuando no sabes quién es quién. Asegúrate una o dos fotos claves. Tendrás mayor provecho si te haces un espacio, en los dos puestos anteriores al último del grupo. Cierra ese momento con una sonrisa desplegada a los concurrentes, aunque no los conozcas.

Un detalle de vital importancia: luego de la foto, saluda con mucha amabilidad a los periodistas y entrégales tu tarjeta personal.

Una personalidad aprende a mostrar su luz en público, pero impone reservas y cuida férreamente los corredores y afluentes que llevan a su vida privada.

Una sonrisa oportuna siempre resulta eficaz, se impone sin argumento. Una personalidad nunca puede cerrarse puertas. Todo lo contrario, se emplea a fondo para  hacer cada día nuevos caminos.

En tu plan nunca intentes copiar un modelo de personalidad, no adoptes peinados, gafas, ropas o maquillajes, solo proponte ser diferente y consíguelo. Si lo haces nadie lo pasará por alto en una reunión.

Evita una compañía permanente. Muévete de un grupo a otro, sin soltar la sonrisa. No celebres los chistes, pero mantén una expresión facial que denote tu alto interés por lo que se dice.

Espera en silencio que alguien del colectivo solicite tu punto de vista. Nunca cometas el error de adelantarte y decir: yo soy de opinión...

En un restaurante tienes que imponer tu presencia. De entrada anuncia que deseas conocer al capitán de los camareros, preséntate y haz que lea para tus invitados, en voz alta, los tres platos principales del menú. A continuación pídele sugerencias, pero decídete y ordena otro plato, totalmente diferente.

A pesar de todo el éxito acumulado, debes saber que un aspirante a personalidad nunca debe acomodarse a ese engañoso peldaño que le ofrece seguridad, como si fuera una embarcación frágil, que necesita un puerto de resguardo. No te impongas límites, sube hasta donde puedas… si la escalera continúa.

Avanza con precaución. Una personalidad no es un artista de escenario, no se presenta para cultivar aplausos. Hallará en su trayectoria miradas, silencios de reconocimiento, murmullos, abrazos y efusivos saludos con palmoteo de hombros y muchas sonrisas, de mujeres y admiradores, que caen como un aluvión a su paso.

Nunca levantes la voz para reclamarle un extravío a alguien, y evita a toda costa utilizar la triste y célebre frase: ¿Usted no sabe quién soy yo?

Y, finalmente, no se te ocurra vincular tu “personalidad” a valores de autenticidad.

Eso no cuenta y no tiene cabida en tus planes inmediatos. En el mundo al que quieres entrar de nada sirve ser autentico. Vale más desaprender todo lo que aprendiste como parte de la muchedumbre, en tu condición de persona y simple ciudadano.

Los seres humanos no nacen con un destino marcado. La personalidad se hace, y con el tiempo se aquilata. Ensaya tu nueva impostura, súmate a los espacios de tu preferencia, y todo el tiempo que lo demande, hasta lograr un estado de perfección. No desmayes hasta que la felicidad se convierta en tu plato del día.

Alice Munro: la décimo cuarta mujer del Nobel. Por Rafael García Romero

Alice Munro: la décimo cuarta mujer del Nobel. Por Rafael García Romero

En torno al premio Nobel de literatura que se le acaba de conceder a Alice Monro quiero destacar cuatro aspectos.

Primero, que Alice Clarke Laidlaw hereda el apellido Munro cuando se casa con James Munro, en 1951, a la edad de 20 años. Es la décimo cuarta mujer que recibe el premio Nobel de Literatura; y en lengua española solo la chilena Gabriela Mistral lo ganó en 1945. A Munro se le conoce como la narradora del realismo psicológico. Su inclinación por el cuento o el relato breve viene dada por escritoras como Eudora Welty, Katherine Anne Porter, Katherine Mansfield, Elizabeth Bishop, Flannery O"Connor o Carson McCullers, que le han influido en gran medida.

La primera en abrir la representación femenina en los Nobel de Literatura fue, en 1909, la novelista sueca Selman Lagerloff, autora de “La leyenda de Gosta Berling” y la penúltima la rumano alemana Herta Müller, que lo ganó en 2009.

El codiciado premio Nobel de Literatura ha recaído esencialmente en hombres desde su creación en 1901. Durante los años 1914, 1918, 1935, 1940, 1941, 1942 y 1943 no fue otorgado. Siete ocasiones en total.

El segundo aspecto, que es uno de los más relevantes, tiene que ver con la publicidad que hace el premio a la narradora Munro, ya que hay una gran cantidad de lectores, en español y todas las lenguas en la que se traduzca, que leerán sus libros por primera vez.

El tercer aspecto tiene que ver con su bibliografía conocida en español, ya que las grandes editoriales, sobre todo de España, se interesaron en sus libros apenas en 2007. De manera que el público hispano viene leyendo con retraso a Munro. Destacamos entre sus 14 libros de relatos escritos durante toda su vida: “Secreto a voces” y “El amor de una mujer generosa”. Asimismo, su novela “Escapada” “La vista desde Castle Rock”, “La vida de las mujeres” y “Mi vida querida”.

El cuarto aspecto es que ella nació en Wingham, Ontario, Canadá, en 1931. Durante la adolescencia comenzó a escribir relatos breves, mientras estudiaba Periodismo y Lengua Inglesa en la Universidad Western Ontario.En 1950 publicó su primer libro, con diecinueve años. Algún editor dijo que la escritora canadiense Munro es la Chejov de nuestro tiempo. No sé si para alagarla o conectarla, de alguna forma, con la validez de la literatura que hacen los hombres. En la inmensa mayoría de sus relatos trabaja con el apoyo de un “narrador omnisciente”, es decir, una tercera persona de la que se valen los escritores no solo para contar la historia, sino también porque le permite hacerlo con lujo de detalles.

Pedro Mir: Un centenario ante su tumba

Pedro Mir: Un centenario ante su tumba

Por Rafael García Romero

Cien años cumple el poeta Pedro Mir de nacido. Cumpliría, vale decir. Hace trece años que vinimos con él a su morada definitiva; y hoy, con una distancia de cien años de aquel tres de junio de 1913, regresamos a conmemorar con él, en silencio, a recordar, a pensar una y otra vez en este país donde nació y murió. El ministerio de Educación, a través de la dirección de Cultura, hizo una ofrenda floral ante su tumba. No hubo discursos. Leímos para él, le entregamos versos, todos los versos de su inmortal poema.

Yo, en homenaje a este gran poeta y la fecha de su natalicio, leí este fragmento de “Hay un país en el mundo”.

Y éste es el resultado.

El día luminoso

regresando a través de los cristales

del azúcar, primero se encuentra al labrador.

En seguida al leñero y al picador

de caña

rodeado de sus hijos llenando la carreta.

Y al niño del guarapo y después al anciano sereno

con el reloj, que lo mira con su muerte secreta,

y a la joven temprana cosiéndose los párpados

en el saco cien mil y al rastro del salario

perdido entre las hojas del listero. Y al perfil

sudoroso de los cargadores envueltos en su capa

de músculos morenos. Y al albañil celeste

colocando en el cielo el último ladrillo

de la chimenea. Y al carpintero gris

clavando el ataúd para la urgente muerte,

cuando suena el silbato, blanco y definitivo,

que el reposo contiene.

No estaba solo Pedro Mir. Yo no estaba solo leyendo ese fragmento del poema. Nos acompañaron poetas, escritores, hombres públicos, maestros y estudiantes. Mientras me alejaba de la tumba me acompañó una mansa lluvia; y yo pensaba, mientras llegaba al vehículo, alguien vendrá igual que yo, en silencio, dentro de cien años, a rendir honor a la tumba de este poeta.

Cementerio Cristo Redentor

3 de junio de 2013

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Los avatares de la ficción

Los avatares de la ficción

Por Rafael García Romero

Todos los plazos se cumplen y aquí tenemos con nosotros, en la XVI Feria Internacional del Libro, invitado por el Ministerio de Cultura de la República Dominicana a Edmundo Paz Soldán, escritor de Bolivia, novelista latinoamericano. Un escritor joven con una aquilatada trayectoria en las letras de la región con una sólida internacionalización.

El hecho de que ya sea escritor le da otras calidades, y otros oficios. De ensayista, de profesor, de teórico de la literatura, de traductor; y, sobre todo, de conferencista itinerante, que puede estar hoy en nuestro país y dentro de varios días en otras naciones del mundo, llevando a los oídos parte de lo que mediante la palabra impresa ya tienen muchos de sus lectores, y que beben o alimentaron a través de sus libros, de sus ensayos, de sus novelas, pero mejor y compartidas con mayor sentido de propiedad y pertenencia, con más sentido de cercanía con él, ahora, entre nosotros.

Esta visita de Paz Soldán, fruto de la invitación del Ministerio de Cultura, es una excelente ocasión que la aprovechamos todos, él y nosotros, como un motivo de conocimiento y reconocimiento.

De conocimiento por parte de nosotros, ya que nos ponemos en contacto con un interesante escritor, que fruto de que vivimos en un mundo sin fronteras, gracias a la web, podemos tener buenas noticias de él, pero debido a los avatares y urgencias de nuestro mercado del libro, apenas tenemos dos o tres títulos de sus obras entre nosotros.

Una lástima que sea así no solo con Paz Soldán, sino también con la inmensa mayoría de los escritores latinoamericanos de su estirpe. A veces, nuestra condición de isla nos aísla más de lo inimaginable.

El encuentro, también, es un motivo de reconocimiento para los que ya lo conocían; y sobre todo para él, que  puede hacer el camino de doble vía, de conocimiento y reconocimiento, sabiendo, todos, sus raíces, que nació y vivió en Bolivia, que emigró a Estados Unidos, donde vive, escribe y se desplaza a España y otros diversos países de América y el mundo.

El deber de anfitrión me obliga a decir lo que ya ustedes saben. Vamos a compartir con Edmundo José Paz-Soldán Ávila (nombre completo del escritor ofrecido como primicia) que nació Cochabamba, Bolivia, en 1967, que es un escritor boliviano y uno de los autores más representativos de la generación latinoamericana de la década de 1990, conocida como McOndo.

¿De dónde nació este nombre cuya fuerte referencia fonética nos remite a un gran acontecimiento editorial de la literatura latinoamericana?

El propio Paz Soldán ofrece una explicación breve e iluminadora:  “McOndo”, publicada en 1996, “fue una antología más visceral que meditada. Fue como dar un portazo para demostrar que nos habíamos saturado del realismo mágico. Pero visto con cierta perspectiva “McOndo” se ha convertido en un referente de nuestra generación. De hecho, de los 17 autores que la componen 8 o 10 tienen hoy carreras literarias muy sólidas”.

La carrera de él constituye el botón que nos sirve de muestra, ya que ha sido merecedor de reconocidos galardones como:

Premio Erich Guttentag (1991), Premio Juan Rulfo (1997) y Premio Nacional de Novela de Bolivia (2002).

Autor de los libros de cuentos:

Las máscaras de la nada,1990.

 Desapariciones, 1994.

 Dochera y otros cuentos, 1998.

Amores imperfectos, 1998.

Algunas de sus novelas publicadas son:

 Días de papel, 1992.

 Alrededor de la torre, 1997.

 Río fugitivo, 2008.

 Sueños digitales, 2000.

 La materia del deseo, 2002.

 El delirio de Turing, 2003.

 Palacio Quemado, 2006; y

 Los vivos y los muertos, 2009.

A él, al hombre y escritor Edmundo Paz Soldán, no lo conocía personalmente hasta el día de hoy; y sin embargo, hay una importante coincidencia entre él y yo, y que nos conecta a través de las intrincadas líneas del destino, y que tiene que ver mucho con el tema que abordará en su conferencia.

Un cuento de él titulado “Dochera”, con el que ganó el premio Juan Rulfo, y un relato mío “Un hombre, Claudia y los recuerdos felices”, están reunidos, junto a otros cuentos de importantes cuentistas latinoamericanos, en la antología “Contar es un placer”, de Emmanuel Tornés Reyes, publicado en el 2007.

En fin, los avatares de la ficción nos abrió una puerta de coincidencia en el pasado y hoy, seis años después, el imperio de la verdad y la vida nos reúne en este importante compromiso.

 A él, a Edmundo Paz Soldán, la inteligencia y la multitud de compromisos, reitero, le aconsejó sentar residencia en Estados Unidos, y se ha convertido en un escritor del mundo, que habla inglés y piensa en español en la medida que habla ese idioma universal, y que a muchos le da la sensación de vivir entre dos mundos, cuando lo hacen.

Y de eso se trata, precisamente, la conferencia que tendremos hoy con Paz Soldán, la palpitante realidad que viven lectores y escritores en esos dos mundos que se debaten, a veces, fragorosamente, y otras veces forman parte de un matrimonio en perfecta armonía: uno llamado verdad (vale decir, vida real) y el de la ficción, conocido como universo del intelecto y  la imaginación.

El modo en que la realidad está en la ficción, plantea Sergio Ramírez, ha sido un debate que los escritores hemos tenido siempre, pero nos interesa también el modo en que la ficción está en la realidad, cómo influye la ficción sobre la realidad. Porque las ficciones también tejen realidades.

De manera pues que los dejo con nuestro escritor invitado, Edmundo Paz Soldán, que nos hablará de estos dos mundos, algunas veces enfrentados, y otras veces unidos indisolublemente, imbricados, como dos caminos que, inevitablemente, confluyen : “Verdad y ficción”, y ya veremos qué tipo de calidad, fascinación y armonía cobrarán a través de sus palabras.

Amigas y amigos, quiero dar las gracias por su presencia a Ruth Herrera, editora anfitriona de Paz Soldán, y al escritor Nan Chevalier, coordinador en la XVI Feria Internacional del Libro del programa de las Conferencias Magistrales, quien hizo posible la magia de este momento; y los invito a que disfrutemos todos de esta indudable gran conferencia.

Auditorio del Museo de Arte Moderno,

Santo Domingo, sábado 27 de abril de 2013

La literatura en tiempos de Facebook

La literatura en tiempos de Facebook

Por Rafael García Romero

 “Para Obama, con afecto”, escribió Hugo Chávez en la primera página en blanco del libro “Las venas abiertas de América Latina” y se lo entregó al presidente de los Estados Unidos durante la V Cumbre de las Américas, hecha en el estado caribeño de Trinidad y Tobago, del 17 al 19 de abril de 2009.

 Los medios de comunicación reseñaron –testigos con alcance global; y más aun, dignos de alta credibilidad– que el  sucesor de George W. Bush en la Casa Blanca saludó al presidente venezolano Hugo Chávez con un cordial “¿cómo estás?” en español, al tiempo que le agradecía el regalo; y, acto seguido, mostró sonriente el libro a los fotógrafos antes de continuar la reunión.

Esa foto de los dos mandatarios sosteniendo la obra le dio la vuelta al mundo. Las imágenes muestran cómo ese libro, de manera inusual hizo un pequeño tránsito y pasó de las manos de Chávez a las manos de Obama. En realidad, eso que podría tomarse como un pequeño tránsito significó el viaje más largo y significativo que haya hecho una publicación latinoamericana en la historia contemporánea de nuestros pueblos.

El mensaje es el viaje, podríamos decir ahora. Las manos de Hugo Chávez representaban, en ese momento, más que un país, una región: Latinoamérica; y las manos del presidente venezolano hicieron ese gran viaje, traspasando fronteras, espacios aéreos imaginarios, hasta llegar a las manos de Barack Obama, otro país, varias fronteras, cientos de kilómetros y aduanas abiertas; y, sobre todo, otro idioma, otro mercado.

Podrán decirse muchas cosa sobre esta obra de culto de la izquierda latinoamericana –dice Jorge Volpi–, que es maniquea o extremista, que distorsiona o exagera, pero nadie sale indemne de su lectura: ante este abigarrado relato de las vejaciones –en su mayor parte ciertas– que América Latina ha sufrido a manos de Estados Unidos, uno no puede sino terminar escandalizado. Publicada en 1971, y elevada al inmediato rango de best seller en lengua española –setenta ediciones hasta 2007–, no esconde su interpretación marxista ni sus ataques al capitalismo y al imperialismo.

Una vez más ese libro demostró que la literatura no tiene fronteras. El idioma también emigra, cuenta historias, pasa balance y consigue que las cosas se aclaren impidiendo el olvido y levantando la voz hasta acorralar y pulverizar el silencio, la injusticia, el dolor, la barbarie.

El libro “Las venas abiertas de América Latina” viajó hasta Estados Unidos y se colocó en las manos del poder más grande del mundo, prácticamente fue depositado en las manos del hombre que representa el Primer Mundo. Las manos hicieron de puente, el puente resistió la carga que transitaba por él. No resultó simple saberlo en aquel momento; y por eso tuvo un profundo sentido.

La modernidad, en el mundo de hoy, tiene sentido gracias a Estados Unidos, el país que más incidencia tiene en la era global, ya que dispone del sistema satelital más amplio, seguro y sofisticado del planeta; y precisamente, ese sistema hizo llegar a todos los países de la Tierra, en tiempo real –y solo necesitó cuarenta y cinco segundos–, el momento que se tomó la entrega del regalo.

Ese momento quedó atrapado en el tiempo, como una cápsula de la historia. Ese momento habló y su voz fue escuchada por cientos de millones de seres humanos. “El libro está entregado”, eso dijo. El mensaje llegó. No importa la suerte que haya corrido luego, en qué rincón se quedó, o de bajo de cuántos libros estará ahora en la Casa Blanca, si es que llegó hasta allí.

Los periódicos difundieron otra historia asociada a ese momento. Hay dos versiones, la más corta se resume en dos líneas: El libro “Las venas abiertas de América Latina” se convirtió de la noche a la mañana en el segundo de más ventas en Amazon.com, la principal tienda en línea de Estados Unidos.

Una verdadera proeza en el mundo de la literatura. ¿Quién se lo podía imaginar? Ni con el poder del augurio. Ese libro pasó del puesto 60.280 al segundo de la tabla de ventas del portal Amazon. Indudablemente que las manos de dos hombres poderosos influyeron en ese impresionante acontecimiento.

Desde su aparición –y volvemos de nuevo a Volpi–, cientos de libros han tratado de descalificar a Galeano, pero ninguno se ha mantenido vigente durante casi cuatro décadas (y menos escalar al puesto dos de Amazon.com). El autor de “Las venas abiertas de América Latina”, Eduardo Galeano  nunca se imaginó tampoco ese momento; y sin embargo, tuvo la medida de precaución de escribir el libro y el tiempo hizo el resto.

El resto es lo que sucedió muchos años después, cuando el libro llegó un día a manos de Hugo Chávez y que el carismático líder se tomara su tiempo para leerlo; y luego de hacerlo que se iluminara en su cabeza la idea final de entregarlo nada más y nada menos que al presidente de los Estados Unidos. En ese momento la obra hizo que él, Eduardo Galeano, también viviera esos cuarenta y  cinco segundos como parte de un día inolvidable y de  gran satisfacción. La sorpresa de ver como él, su libro y la causa que defienden vivían una segunda era de oro, un nuevo escenario con las redes sociales al servicio de la verdad.

El presidente Barack Obama, si todavía hoy conserva “Las venas abiertas de América Latina”, quizá no sepa qué hará con ese libro.

El hecho es que ya lo hizo, sin darse cuenta.

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Incidencia del escenario en la narrativa Latinoamericana

Incidencia del escenario en la narrativa Latinoamericana

Por Rafael García Romero 

La historia no registra el momento preciso cuando el hombre aparta el paisaje del todo, de la naturaleza bruta, pero cuando lo hace inmediatamente  se vuelve escenario. Con el paso del tiempo el ojo del artista plástico lo explota  como un recurso visual pictórico. Es el primer valor que tiene. Su entrada en los cuentos y novelas, como parte de la literatura, vendrá después. Aunque hay temas de paisajes rupestres en cuevas y utensilios de uso domestico, a los chinos se le atribuye el descubrimiento y uso del paisaje para el gozo estético, ya que en el siglo V lo trabajaron en sus pinturas. La explicación está en  que sus éticas religiosas como el budismo y el brahmanismo tenían una visión estética de la naturaleza, lo que fue muy favorable para la aparición y documentación visual del paisaje. Desde las pinturas rupestres hasta casi el romanticismo, la naturaleza no aparecía nunca en las obras pictóricas cómo paisaje.

El paisaje o escenario tiene un uso muy particular cuando entra en la literatura, a través de las novelas románticas y del periodo criollista, válido de manera muy particular para algunas literaturas regionales. Es el recurso que permite al escritor presentar mediante la fuerza de las palabras el mundo que habitan los personajes de la historia. Es con el paisaje que trabaja y prevé todo lo que el lector debe ver en un cuento.

No se trata de hacer geografía narrativa. El paisaje constituye esa área de la superficie terrestre escogida intencionalmente para que se convierta en el espacio de interacción de los diferentes personajes presentes en la historia y que tiene el valor de producir una referencia visual en el lector.

Todo paisaje está compuesto por elementos que se articulan entre sí y que aparecen en la historia porque inciden en  la acción humana o el comportamiento psicológico de los personajes.

De ahí que el paisaje sea concebido como un espacio organizado a conveniencia del escritor, constituye el marco estético de la actividad humana, forma parte de los nexos reales que necesitan los personajes para anclarlos en la historia.

El paisaje, en todo momento, constituye un recurso útil y de primer orden en los vínculos humanos y sus asociaciones necesarias. Ayuda a los lectores a comprender cómo y en qué lugar los personajes ponen los pies sobre tierra firme.

Para trabajar el paisaje en un cuento hay que tomar en cuenta el lugar que ocupan en la historia el espectador –que hace de personaje o narrador–, el paseante o personaje que se desplaza; y, por último, el lector, que forma parte de la historia fuera de la historia. Sencillamente porque no existe una estética del paisaje hasta que ésta sea organizada o asumida por el lector, y para esto el escritor tiene la responsabilidad de identificarlo, reproducirlo de manera eficaz, con las palabras necesarias.

Hay cuatro escritores que trabajan el paisaje transformado en escenario con un valor narrativo excepcional y ofrecen al lector un pasaje que envuelve, fascina y abruma. Son ellos Juan Carlos Onetti, Juan Bosch, Rafael Ramírez Heredia, Mempo Giardinelli y Roberto G. Fernández. A través de ellos veremos cómo incidió el paisaje con su carga visual en la literatura Latinoamericana.

Onetti y el escenario revelador

En el cuento "La araucaria", de Juan Carlos Onetti hay un manejo paradigmático del escenario y que se fortalece, a la hora de examinar la conducta de los personajes, con la observación, muy certera, que hace Antonio Muñoz Molina. Explica él que a los personajes de Onetti les gusta inventar, cuentan mentiras y les agrada oírlas; pero también son proclives a "dotarse de vidas falsas a través de la credulidad del que escucha".

En "La araucaria" una mujer al borde de la muerte hace llamar al padre Larsen y a través del recurso de la confesión revive un pecado de incesto. El sacerdote la escuchó:

            Con mi hermano desde mis trece años, él era mayor, jodíamos toda la tarde de primavera y verano al lado de la acequia debajo de la araucaria.

La confesión se hace delante del injuriado. El hombre, antagonista y personaje de equilibrio en la historia, tiene una participación muy fugaz, pero importante. En apenas tres líneas, Onetti dimensiona su presencia: "El hermano se apartó de la pared, dijo no con la cabeza y adelantó una mano hacia la boca de su hermana".

En el mundo cerrado de los tres personajes la confesión puede ser verdad o mentira. La actitud del hermano es ambigua. No importa lo que el padre Larsen piense. No importa que le diga al hermano de la mujer:

            Déjala mentir, deja que se alivie. Dios escucha y juzga.

En cuanto a Onetti, la última línea del cuento resulta reveladora, no sólo porque define su estructura fundacional y el proceso lógico de la narración llevada por su autor desde el principio, entre la suficiente luz y la necesaria sombra, sino porque ahí, ante la cara del lector surge la grandeza del escritor.

La mirada de un hombre construye todo el cuento y el final, pero es una construcción perfecta y de doble vía, porque sin el cuento, tampoco habría personajes y por tanto no tendríamos a ese hombre cauto, avisado, perspicaz, con un agudísimo sentido de la observación, pero que el lector sólo podrá percibir de manera inmediata, pura y total cuanto llega a la última línea de “La araucaria”.

El padre Larsen es un singular árbitro en el mundo de una moribunda, a la que el tiempo se le agota. En ese mundo la confesión es el eslabón que vincula íntimamente a los tres personajes. El tiempo corre peligrosamente y el padre tiene la responsabilidad doble de ver y juzgar la confesión.

Todavía cuando dice al hermano: "Déjala mentir, deja que se alivie. Dios escucha y juzga" no está convencido y su conciencia de padre se mueve entre la gravedad de uno y otro pecado. El pecado de la mentira y el otro quizá peor: el incesto. Si la mujer no miente hay un solo pecado: el incesto. El padre tiene que decidir de qué lado está la verdad. Dónde está el pecado y a cuál de los dos absuelve.

La solución está en el final. Juan Carlos Onetti utiliza en ese final ocho palabras. Escribe: “El padre Larsen buscó sin encontrar ninguna araucaria”. 

 La frase impone así el equilibrio del cuento. La mujer mintió y con esa verdad que descubre el padre Larsen cae y cesa toda la maraña de la incertidumbre.

Juan Bosch y el escenario criollo

El fenómeno del retrato en la literatura de Juan Bosch hay que estudiarlo, para entenderlo, tomando en cuenta varios escenarios. El primero que llama la atención es la época de inicio del escritor, ya que estamos hablando del primer cuarto del siglo veinte, periodo durante el cual se conocen, sobre todo a través de los periódicos de circulación nacional, los primeros cuentos.

Una época, además, caracterizada por el incipiente desarrollo del cine mudo, en blanco y negro. Muy poco difundido en la Republica Dominicana; y sobre todo, y gracias a estas precariedades, un terreno muy fértil para el incentivo de la palabra como medio para hacer retratos. En ese periodo de tiempo había, en el plano de la literatura, una fuerte incidencia del costumbrismo, y la rama nacional, llamada criollismo.

La literatura de Juan Bosch, debido a esos factores, es una cantera impresionante de paisajes literarios, tomados como calco de la naturaleza rural y que también reflejan la vida de sus personajes tópicos, propios del ambiente.

El paisaje constituye un apoyo vital para la literatura de Juan Bosch, al que recurre desde su primer libro Camino real, publicado en 1933. En el cuento “La mujer” el escenario es fundamental en el desarrollo de la trama. Tanto incide el escenario que se incrusta, forma parte de la carne narrativa del cuento, llega a tener tanto valor este recurso que sin Juan Bosch proponérselo lo hace formar parte de una segunda historia en todo el cuento, independiente, firme y sólida.  El escenario el punto de apoyo que empieza el cuento: “La carretera está muerta. Nadie ni nada la resucitará. Larga, infinitamente larga, ni en la piel gris se le ve vida. El sol la mató; el sol de acero, de tan candente al rojo, un rojo que se hizo blanco. Tornose luego transparente el acero blanco, y sigue ahí, sobre el lomo de la carretera”. Y el escenario, como un péndulo que describe un trayecto, termina la historia: “Pero sobre la gran carretera muerta, totalmente muerta, sólo estaba el sol que la mató. Allá, al final de la planicie, la colina de arenas que amontonaron los vientos. Y cactos embutidos en el acero”.

El cuento “La mujer” es uno de los textos más breves de Juan Bosch y uno donde el escenario es un recurso más conscientemente explotado.

A los lados (de la carretera) hay arbustos espinosos. Muchas veces la vista se enferma de tanta amplitud. Pero las planicies están peladas. Pajonales, a distancia. Tal vez aves rapaces coronen cactos. Y los cactos están allá, más lejos, embutidos en el acero blanco.

El escenario, con pocas palabras, le ayuda a establecer marcadas diferencias, pintar la pobreza: “También hay bohíos, casi todos bajos y hechos con barro. Algunos están pintados de blanco y no se ven bajo el sol. Sólo se destaca el techo grueso, seco, ansioso de quemarse día a día. Las cañas dieron esas techumbres por las que nunca rueda agua”.

La presencia de Quico, un personaje clave para el desenlace del cuento, también aporta sus ojos, y el escritor consigue que el lector vea todo lo necesario para que se haga la idea de un paisaje agreste, una zona vasta y despoblada, sin un alma de socorro a quien recurrir en muchos kilómetros.

Así, cuando Juan Bosch escribe: “Tendió la vista”, se refiere a Quico, que mira “la planicie, la sabana. Una colina lejana, con pajonales, como si fuera esa colina sólo un montoncito de arena apilada por los vientos. El cauce de un río; las fauces secas de la tierra que tuvo agua mil años antes de hoy. Se resquebrajaba la planicie dorada bajo el pesado acero transparente. Y los cactos, los cactos coronados de aves rapaces.”

La primacía del escenario sensorial  

El  escritor es responsable absoluto de la aparición de un paisaje en la historia que cuenta, muchas veces como personaje y todas las veces como autor. Se trata de un recurso propuesto, que ocupa un espacio narrativo de forma intencional, que le permite hacer una compilación de sucesos, de temas, de objetos, de elementos, y que forma parte de un solo cuadro, de una mirada intencional.

En el cuento “No son pero son” que figura en el libro “Del trópico” (Editorial Alfaguara, México 2001. “No son pero son”, Pág. 79) Rafael Ramírez Heredia descubre y describe para los lectores un singular escenario. Lo hace con estas palabras: “Desde la mecedora colocada en el corredor Ricardo Román mira el oscilante borde del río. Descubre el panorama pese a los cuarenta años de vivir en ese mismo sitio en que la ciudad se extendió bordeando su casa, la cercanía del cauce y su olor, sus riberas y las luces del otro lado que de débiles y ralas se convirtieron en manchas multicolores”. Pero se trata de un recurso donde el narrador entra en complicidad con el personaje Ricardo Román. Se trata de un narrador que hace de “medio” para que veamos primero a un Ricardo Román sentado en una mecedora colocada “en el corredor” y que “mira el oscilante borde del río”.

El escenario en “No son pero son” es fundamental, ya que constituye no solo un espacio narrativo, sino el lugar clave para situar a un lector que entra de manera privilegiada a una singular historia que se nutre del presente y los recuerdos que atormentan a Ricardo Román sentado en una mecedora.

El uso del paisaje como incidental en el curso del cuento no es muy frecuente. Algunos autores recurren a él y al mismo tiempo le dan un valor comparativo, de apoyo para alguna escena, y siempre con el propósito de darle cuerpo y fuerza. Eso lo vemos en el aprovechamiento que hace Rafael Ramírez Heredia (Pág. 338, 339. Editorial Alfaguara, México, 2005) en su novela La Mara:

 “…lo asientan en el suelo sobre las piedritas  filosas que se usan junto a las vías y todo está negro, las luciérnagas se han espantado, lo dejan solo con el dolor y con el murmullo de los hombres a los que apenas divisa, delineados contra la negritud del cielo, como árboles torcidos que meten sus ramas a la quietud del camino”.

Un escenario fugaz

En el cuento “Encrucijada” (Editorial Popular, España, 2002. “Encrucijada”, de Roberto G. Fernández, pág. 74), de Roberto G. Fernández, aparece un fugaz escenario, pero con una importancia capital para el cuento.

Veamos cómo lo consigue el autor a través de María de las Mercedes del Risco Castellanos, sencillamente Mercedes, un personaje clave y de fuerza en la historia del cuento:

“Matilde del Risco Castellanos jamás llegó a tener familia. Felipe, su esposo, murió dos días después de la boda. Su muerte fue una verdadera tragedia, tan joven, tan lleno de vida. Se parecía a Clark Gable. Habían ido a Mayajigua, de luna de miel, y Felipe hacía alardes de jinete. Estaba tronando, cayó un rayo y el caballo se desbocó con el estruendo. Felipe no llegó a ver la rama baja del algarrobo en dirección a las cabañas de los enamorados. El caballo llegó a la casa con el cuerpo decapitado de Felipe. Cuando mi hermana lo vio, quedó muda. Un año entero estuvo sin hablar.”

Las características de un paisaje sirven a Mempo Giardinelli (“Subidos de tono, cuentos de amor”. Editorial Norma, Pág. 17) de manera excepcional, para apoyar la descripción de un “muchacho bello, de cuerpo atléticamente  trabajado y ojos celestes, muy claros, del color de esa porción de cielo que se ve, a las seis de la tarde, sobre el horizonte verde de la selva y debajo de una tormenta de verano.”

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