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Rafael García Romero

Instrucciones para convertirse en una personalidad

Instrucciones para convertirse en una personalidad

Por Rafael García Romero

Alguna vez te preguntaste cómo un ser humano asciende desde su condición más simple, crece, acumula éxito, irradia energía, hace de la felicidad su plato del día y toda una comunidad delira por él y termina acogiéndolo y aceptándolo tal como es.

Cuando eso sucede ya esa persona se ha convertido en una personalidad. Es una figura, atrae un aluvión de miradas y despierta el interés, silenciosamente, de toda la concurrencia.

Las personalidades son monarcas sin coronas y todos somos sus vasallos, ya que con una simple mirada o un aplauso inducido terminamos formando parte de su corte, y sin darnos cuenta nos abraza su descomunal energía personal.

A muchos les cuesta pasar del sueño a la realidad. Apenas se ponen el vestido parecen un personaje... algo no funciona, causan admiración y risa, pero se quedan en una especie de término medio, sin completar el ciclo. No consiguen convertirse en una personalidad.

La transformación requiere de un meticuloso proceso. Aquí ofrecemos, si quieres dar el paso, algunas pautas para que te conviertas en una auténtica e incuestionable personalidad.

No improvises o intentes hacerlo con premura y de manera caprichosa. Identifica el tipo de personalidad que quieres ser, trabaja vínculos y cualidades para aquilatarte en cuanto a respeto, temor, admiración, poder, supremacía y fortuna. Enfócate en lo que quieres, date tu tiempo y trabaja con tesón para conseguirlo.

Un primer paso. Tienes que suscribirte a todos los periódicos importantes, contar con servicio de internet y cable. Así conoces el mundo de los grandes eventos y trazas un plan maestro para que los anfitriones incluyan tu nombre entre los invitados. Gana amigos. No olvides que vives en un mundo nuevo. Abre tu página de Facebook. Eso marca tu presencia de manera permanente en la web y cuantos espacios sociales ayuden a su causa.

Acumula puntos y comentarios de aceptación. Haz los arreglos de lugar para que, indefectiblemente, el diario de mayor circulación incluya tu nombre entre los cinco primeros natalicios del día.

No cometas el error de ser puntual en las recepciones. Una vez que llegues escoge un lugar estratégico y busca,  con un discreto barrido de mirada, los grupos de mayor realce y boato. Fíjate en el movimiento de los cronistas sociales, ayuda mucho cuando no sabes quién es quién. Asegúrate una o dos fotos claves. Tendrás mayor provecho si te haces un espacio, en los dos puestos anteriores al último del grupo. Cierra ese momento con una sonrisa desplegada a los concurrentes, aunque no los conozcas.

Un detalle de vital importancia: luego de la foto, saluda con mucha amabilidad a los periodistas y entrégales tu tarjeta personal.

Una personalidad aprende a mostrar su luz en público, pero impone reservas y cuida férreamente los corredores y afluentes que llevan a su vida privada.

Una sonrisa oportuna siempre resulta eficaz, se impone sin argumento. Una personalidad nunca puede cerrarse puertas. Todo lo contrario, se emplea a fondo para  hacer cada día nuevos caminos.

En tu plan nunca intentes copiar un modelo de personalidad, no adoptes peinados, gafas, ropas o maquillajes, solo proponte ser diferente y consíguelo. Si lo haces nadie lo pasará por alto en una reunión.

Evita una compañía permanente. Muévete de un grupo a otro, sin soltar la sonrisa. No celebres los chistes, pero mantén una expresión facial que denote tu alto interés por lo que se dice.

Espera en silencio que alguien del colectivo solicite tu punto de vista. Nunca cometas el error de adelantarte y decir: yo soy de opinión...

En un restaurante tienes que imponer tu presencia. De entrada anuncia que deseas conocer al capitán de los camareros, preséntate y haz que lea para tus invitados, en voz alta, los tres platos principales del menú. A continuación pídele sugerencias, pero decídete y ordena otro plato, totalmente diferente.

A pesar de todo el éxito acumulado, debes saber que un aspirante a personalidad nunca debe acomodarse a ese engañoso peldaño que le ofrece seguridad, como si fuera una embarcación frágil, que necesita un puerto de resguardo. No te impongas límites, sube hasta donde puedas… si la escalera continúa.

Avanza con precaución. Una personalidad no es un artista de escenario, no se presenta para cultivar aplausos. Hallará en su trayectoria miradas, silencios de reconocimiento, murmullos, abrazos y efusivos saludos con palmoteo de hombros y muchas sonrisas, de mujeres y admiradores, que caen como un aluvión a su paso.

Nunca levantes la voz para reclamarle un extravío a alguien, y evita a toda costa utilizar la triste y célebre frase: ¿Usted no sabe quién soy yo?

Y, finalmente, no se te ocurra vincular tu “personalidad” a valores de autenticidad.

Eso no cuenta y no tiene cabida en tus planes inmediatos. En el mundo al que quieres entrar de nada sirve ser autentico. Vale más desaprender todo lo que aprendiste como parte de la muchedumbre, en tu condición de persona y simple ciudadano.

Los seres humanos no nacen con un destino marcado. La personalidad se hace, y con el tiempo se aquilata. Ensaya tu nueva impostura, súmate a los espacios de tu preferencia, y todo el tiempo que lo demande, hasta lograr un estado de perfección. No desmayes hasta que la felicidad se convierta en tu plato del día.

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