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Rafael García Romero

Juan Bosch: el origen de un nombre

Por Rafael García Romero


El Juan Bosch que había llegado del exilio para correr como candidato a la Presidencia de la República, inmediatamente después del ajusticiamiento de Rafael Leonidas Trujillo, era un hombre cincuentón, de aventajada estatura, canoso. Pocas personas recordaban que de joven había sido rubio. De ojos verdes, mirada penetrante y manos grandes, fuertes, acogedoras. A todo el que saludaba lo percibía inmediatamente; fumador empedernido. Sólo consumía Cremas sin filtro. Tenía los dedos de la mano derecha estropeados por la nicotina.

 

El tabaco marcó una generación de líderes latinoamericanos. Fidel Castro fumaba habanos y Juan Bosch sólo cigarrillos; y los dos decidieron dejar de fumar. Uno y otro entendieron que había que predicar con el ejemplo y abandonaron el vicio.

 

La radio resultó un vehiculo idóneo para la época. El político hablaba a través del programa “Tribuna Democrática” y su voz, con un mensaje nuevo y distinto para los dominicanos, resultaba agradable, convincente y cautivadora. Hablaba y tenía plena conciencia porqué lo hacia. El dominicano era un pueblo con una deuda social inmensa y un atraso político impresionante. Cada alocución, cada discurso escrito y expuesto, igual que todas las conferencias que dictaba en distintos escenarios del país, tenían como meta educar, ensanchar el horizonte cultural y político de los dominicanos. No importaba qué dijera; siempre era interesante escucharlo. Nadie le decía Juan Bosch, a la hora de abordarlo directamente, aunque ese era su nombre. A lo sumo la primera frase hacia él era "Don Juan" o simplemente "Profesor Bosch", con mucho respeto y condescendencia.

 

No era habitual escuchar en sus labios el “yo”, tampoco que hablara de sí mismo.

 

 Una vez, inevitablemente, lo hizo; y habló de él, pero para citar un consejo que recibió de Pedro Henríquez Ureña (1). A quien conoció en República Dominicana, cuando era un alto funcionario público.

 

El hijo de la poetisa Salomé Ureña tenía 47 años y el autor de La mañosa contaba con 23 años de edad. Entonces el humanista y maestro buscó con cuidado las palabras para transmitirle la idea que quería comunicarle; y le sugirió que hiciera una poda a su nombre y lo usara siempre de manera invariable. Muchos años después lo explicó de la forma siguiente: "Si el nombre con que se me conoce es de dos sílabas, se lo debo a Pedro Henríquez Ureña porque un buen día, cuando yo andaba por los veinte y tres años, el ilustre ensayista me aconsejó que no siguiera usando la E que aparecía en cada uno de los cuentos que publicaba en Bahoruco, la revista de Horacio Blanco Fombona (2), metida y seguida de un punto entre las palabras Juan y Bosch".

 

 El consejo le sirvió para hacer historia. Explicó que Henríquez Ureña entonces era el Superintendente General de Enseñanza (3); y que todavía la alta dirección de la educación pública dominicana no estaba encabezada por un secretario de Estado. Juan Bosch habló con él en la casa de la calle El Conde donde vivía con su hermano, el doctor  Rodolfo Henríquez Laurazón (4), que había venido de Cuba, donde la única universidad del país, la de La Habana, había sido cerrada por la dictadura de Gerardo Machado. "En esa ocasión que no era la primera fui a verlo para llevarle dos cuentos que don Pedro quería mandar a revistas literarias del Continente, una de ellas la bien conocida Repertorio Americano que publicaba en la capital de Costa Rica el cuentista Joaquín García Monge (5), y los dos cuentos iban firmados por Juan Bosch en vez del "Juan E. Bosch", que había sido el nombre usado por mi hasta ese día.

 

 El profesor recordaba que una semana antes, "el maestro de la lengua que era Pedro Henríquez Ureña me había preguntado, en ocasión en que nos hallábamos en el Café Paliza, de la calle El Conde, qué quería decir esa E que aparecía entre Juan y Bosch. "Es que yo me llamo Juan Emilio", le respondí, y pasé a explicarle quo como no me gustaba el último nombre usaba solo su inicial; y en la ocasión en que me aconsejaba, poco después, que no usara más la E me dijo: "Olvídese de esa E, que para lo único que le sirve a usted es para confundir a sus lectores", y a seguidas inquirió: "¿Para qué pone usted una letra sola en medio de un nombre tan sonoro como Juan y su apellido, que se pronuncia sin ningún esfuerzo?". Y remachó lo que estaba diciendo con estas palabras: "En cambio, es muy fácil recordar un nombre de dos sílabas, por ejemplo, Juan Bosch, como era fácil de recordar Mark Twain" (6).

 

 La historia de su vida daría un vuelco. El nombre usado por él hasta ese día murió. Entonces, gracias a Pedro Henríquez Ureña nació otra vez, como hombre, escritor y político; y se llamó, eternamente, Juan Bosch.

 

Notas.

 

1. Pedro Henríquez Ureña (República Dominicana 1884-1946, Argentina) era el segundo hijo del matrimonio del doctor, abogado y ex presidente de la República Francisco Henríquez y Carvajal y la poetisa y educadora dominicana Salomé Ureña; además medio hermano, por lo tanto, de Rodolfo Henríquez Laurazón y Enrique Cotubanama Henríquez. Autor de una variedad de obras, entre ellas Seis ensayos en busca de nuestra expresión y El español en Santo Domingo.

 

2. Horacio Blanco Fombona (Venezuela, 1889-1950). Periodista venezolano radicado en nuestro paí­s. Editor de la revista Bahoruco, cuya labor periodista la desarrollo en dos publicaciones. El Domingo y la revista Letras fue expulsado del país en 1920. La revista letra fue cerrada "por haber publicado el retrato del campesino cibaeño Cayo Báez, mostrando las cicatrices que le causaron con hierro candente" los torturadores del oficial Buckalon.

3. Pedro Henríquez Ureña llega al país el día 22 de diciembre del año 1931. Rafael Leonidas Trujillo lo nombra Superintendente General de Enseñanza y toma posesión el 31 de diciembre de 1931. Y deja el cargo mediante una licencia temporal. Abandona el país el 29 de junio de 1933. Se  embarcó por Puerto Plata hacia París y no regresa jamás. En ese periodo Juan Bosch sólo había publicado el 4 de octubre de 1931 dos poemas en el Listín Diario con la firma de Juan E. Bosch. En cuanto a Camino real, su primer libro de cuentos, lo publicó el 24 de noviembre de 1933. Pedro Henríquez Ureña se había marchado seis meses antes de República Dominicana.

 

4. Rodolfo Henríquez Laurazón. Hijo de Francisco Henríquez y Carvajal y Natividad Laurazón, y Enrique Cotubanama Henríquez Laurazón; fundador, junto a Juan Bosch del Partido Revolucionario Dominicano en Cuba; además medio hermano, por lo tanto, de Fran, Pedro, Max y Camila Henríquez Ureña, fruto del matrimonio Henríquez Ureña.

 

5. Joaquín García Monge.  Intelectual y político costarricense, una de las auténticas glorias del pensamiento nacional. Nació en Desamparados el 20 de enero de 1881. Fue escritor, creador y editor por 40 años de la renombrada revista Repertorio Americano, fundada en 1919. El presidente Francisco Aguiar Barquero lo nombró Ministro de Educación en 1919; y en 1920 fue nombrado Director de la Biblioteca Nacional durante 16 años. Murió el 31 de octubre de 1958.

 

6. Mark Twain  (1835-1910) fue el célebre seudónimo de Samuel Langhorne, escritor y humorista estadounidense.  Nació en Florida (Missouri) el 30 de noviembre de 1835.  Entre sus obras se pueden citar: Las aventuras de Tom Sawyer (1876), Las aventuras de Huckelberry Finn (1884) y Un yanqui en la corte del Rey Arturo (1889). Murió el 21 de abril de 1910 en Nueva York.

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