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Rafael García Romero

La revolución de los pulgares

La revolución de los pulgares

Por Rafael García Romero

El pulgar, en la antigua Roma, tenía un poder justiciero o calificador. Era la señal del César; y no tenía apelación. En el Coliseo, de ese gesto dependía la vida del gladiador tirado en la arena. El primer gladiador, de pie, miraba hacia el palco cesáreo y si el emperador levantaba el puño y colocaba el pulgar hacia arriba le perdonaba la vida al vencido. Si el gesto era contrario, con el dedo hacia abajo, el otro moría, cortándole la yugular con un certero golpe de la espada.

 

El pulgar es el único dedo con personalidad propia. Ocupa la parte más interna del lado radial de la mano, y solo tiene dos falanges. Por la posición que ocupa, su tamaño y el número de falanges que tiene, hace que sea el más fuerte de todos dedos.

El pulgar o dedo gordo, tiene distinta forma. Hay pulgares cortos y gruesos; encorvados hacia adentro;  encorvados hacia afuera; estrechos, firmes y rectos; fuertes y anchos; muy pequeños; rígidos; con la primera falange cuadrada; con la primera falange vuelta; con la segunda falange más corta que la primera; con la segunda falange más larga.

La variedad es muy larga, pero no importa la forma. La verdadera importancia del pulgar está en su función.

 

El origen de la escritura no se podría explicar sin el pulgar. Se trata de un dedo clave para la escritura manual, para la producción de manuscritos. De manera que ese dedo ha jugado un papel trascendental desde las sociedades ágrafas hasta hoy. Tiene tanta implicación que sin el pulgar (haga la prueba, trate de escribir sin su apoyo cualquier palabra) escribir a mano es una odisea.

El uso de los pulgares, hasta la primera década del presente siglo estaba muy limitado en la industria de las comunicaciones de masa. Tenían, apenas, la función de golpear la barra espaciadora en el teclado de las máquinas de escribir mecánicas, primero; y así continuaron con la aparición de las computadoras personales y su singular teclado con nuevas funciones.

 

Eso sucedió hasta la primera década del presente siglo, cuando nació la generación de los pulgares. Un hecho revolucionario y sin precedentes por las múltiples implicaciones que ha tenido en tan poco tiempo.

El nuevo uso de los pulgares vino con el teléfono móvil, conocido también como celular; y también con la comunicación masiva desde los móviles, puesta en movimiento por una avalancha de pulgares que colocan en la red billones de mensajes y comunican en fracciones de segundos todos los rincones de la aldea global.

 

Hay adictos confesos no importa en lugar donde estén. En un auto, el trabajo, sentado en el banco de un parque, en la calle, mientras camina o durante el almuerzo. No hay frontera.  El proceso parece un rito, conectado una persona con sus destinatarios remotos, hasta mirar cautiva; y resulta impresionante el paso del pulgar de una tecla a otra, produciendo palabras (con un tope de 140 sin imágenes) y enviándolas por el aparato. Muchos usuarios lo hacen con tanta rapidez que sorprende. Se trata de un ejercicio de vocabulario, una destreza de agilidad mental conexa y en sincronía con dos dedos de las manos.

Hoy en día los pulgares piensan e inclinan posiciones.

En otras palabras, el nuevo uso de los pulgares tiene una lectura; y significa que los medios de acceso a la red están cambiando. Y que con la masificación del teléfono celular cada vez más gente ingresa a Internet por medio de esta herramienta.

 

En este nuevo eslabón de la comunicación masiva juega un papel importante las llamadas redes sociales. No podemos olvidar que hay un componente, dentro de la mecánica de su naturaleza, un truco de mago que es común a todas las empresas de esta área: transforman el número de usuarios en miles de millones de dólares.

 

No se trata de una comunicación ingenua. Es impresionante la avalancha de mensajes que corren por las mangueras de las redes sociales, aunque la inmensa mayoría de los contenidos de esos billones de correos no alcance medio centímetro de profundidad.

 

Con un par de pulgares que se sumen cada segundo a la pirámide de las redes sociales se multiplican de manera geométrica las inversiones; y de igual forma, se quintuplica el valor de las acciones en el mercado financiero de las empresas involucradas.

 

Veamos en números lo que acabamos de decir.

Facebook. Su creador es Mark Zuckerberg. La compañía tiene sus oficinas centrales en Palo Alto, California. Cuanta con un capital a 15,000 millones de dólares; y tiene más de 1,000 millones de usuarios. Eso quiere decir, que si sus primeros inversionistas no son billonarios; o sea, ricos en billones de dólares, están a punto de serlo.

Twitter. La compañía fue fundada en Julio de 2006 por Jack Dorsey, Biz Stone y Evan Williams. Hoy es uno de los sistemas de comunicación más utilizados, no sólo para mensajes intrascendentes, también lo usan grupos profesionales para consultas y envío de informaciones cortas y específicas.

MySpace fue creado por Tom Anderson, pero en la actualidad es propiedad de News Corporation, cuenta con más de 200 millones de usuarios y tiene un valor de 6.500 millones de dólares. Su sede central se encuentra en Santa Mónica, California, Estados Unidos; y además tiene otra sede y servidor en la ciudad de Nueva York.

Bebo, que significa "Blog early, blog often" (bloguea pronto, bloguea con frecuencia), tiene su sede en San Francisco. La compañía también cuenta con empleados en Austin, Londres, Los Ángeles y Sydney. Fue fundada en 2005 por Michael Birch y su esposa Xochi Birch. En 2008 AOL la compró por 850 millones de dólares; y la vendió dos años después a Criterion Capital Partners por una suma no revelada; y que según Birch resultó insignificante. En América Latina esta red social cuenta con alrededor ocho millones usuarios registrados, de los cuales el 50 por ciento corresponde a México.

Linkedin. Reid Hoffman la fundó a finales de 2002. En sólo nueve años, la compañía de Mountain View, California, alcanzó un valor de 1,000 millones de dólares.

En el mercado financiero las redes sociales están valoradas en más de 27 mil millones de dólares. Una masa de dinero que ningún hombre puede tener de manera física, o que pueda ser retirado de un banco en cualquier momento.

En el siglo pasado aprendimos que el medio era el mensaje.

El mundo del presente siglo tiene un punto de equilibrio que depende, fundamentalmente, del tiempo real de las comunicaciones globales.

En la generación de los pulgares está el punto de apoyo que mueve el mundo actual. Eso quedó demostrado en diversas áreas.  En la política impuso un nuevo orden en Egipto, cuando arrasó con la dictadura de más de una década de Hosni Mubarak; y definió el destino de varios países de África y el Medio Oriente.

La revolución de los pulgares avasalla, está en un momento importante de expansión, sobre todo en los mercados latinos y mediterráneos. No se trata de un fenómeno de crecimiento ingenuo o espontáneo. Hay todo un aparato multimillonario detrás, con un espectro de aplicaciones y direcciones que tienen como fin el control global apoyado en una percepción de la libertad absoluta. Un control global con todas sus implicaciones; y con un alcance tan masivo y terrorífico que todavía estamos por ver.

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