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Rafael García Romero

El microrrelato, artilugio de fina relojería

El microrrelato, artilugio de fina relojería

Por Simone Cattaneo

Crónica sobre el libro de relatos breves “Soñar en el paraíso”, de  Rafael García Romero, donde el autor plantea que “delata la experiencia de un autor con un largo recorrido literario y periodístico a sus espaldas, alguien que a través de sus numerosas publicaciones de carácter cuentístico ha adquirido un timbre de voz inconfundible, ocupando un lugar destacado en el panorama actual de la literatura de la República Dominicana.

El microrrelato, artilugio de fina relojería que se resiste a cualquier tentativa de clasificación y que en contra de su misma brevedad ha recibido una plétora de nombres distintos ‒microcuento, nanorrelato, textículo, mini-cuento, mini-relato, minificción, etc.‒, siempre ha latido en las entrañas de la literatura, desde la brevitas sentenciosa de la antigüedad ‒el exemplum, el aforismo, el haiku e incluso refranes y epitafios‒ hasta el desenfadado fragmentarismo de épocas más cercanas ‒el chiste, la prosa poética, la greguería, etc.‒.

La escritura hiperbreve ha sido un goteo incesante, terco como una de esas torturas chinas que delatan sus devastadores efectos a través de una constancia que hace mella en el tiempo y, hoy en día, ese estilicidio se ha convertido en un manantial cuyas aguas han desbordado cualquier frontera nacional o cultural, depositando un limo fértil que ha favorecido el brotar de abundantes y jugosos frutos: libros, antologías, ensayos, congresos, premios y talleres literarios, revistas, páginas web, etc.

En el ámbito iberoamericano, el origen del microrrelato moderno se sitúa convencionalmente a comienzos del siglo XX, con los primeros tanteos de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares en América Latina, y con los escarceos de Juan Ramón Jiménez y Ramón Gómez de la Serna en España. Sin embargo, en las tierras de Cervantes el género ha ido siguiendo un cauce más bien subterráneo, mientras que en Hispanoamérica ha ido aflorando en superficie cada vez con más pujanza hasta llamar la atención de autores y estudiosos autóctonos y foráneos.

De este modo, a partir de los años noventa el microrrelato ha llegado a ser considerado, tanto de este lado del Atlántico como del otro, uno de los formatos literarios más sugestivos y prometedores.

En República Dominicana su evolución ha sido peculiar y discontinua, casi a medio camino entre lo que acontecía a su alrededor y lo que pasaba en el contexto español. Precisamente la singularidad de una mirada estupefacta y melancólica, pero nada ingenua, que se refleja en una escritura elusiva es la que sustenta “Soñar en el paraíso” de Rafael García Romero (Santo Domingo, 1957).

Dicha colección de microrrelatos, aunque a primera vista parezca menos variada, delata la experiencia de un autor con un largo recorrido literario y periodístico a sus espaldas, alguien que a través de sus numerosas publicaciones de carácter cuentístico ‒Fisión (1983), El agonista (1986), Bajo el acoso (1987), Los ídolos de Amorgos (1993), Historias de cada día (1995), La sórdida telaraña de la mansedumbre (1997), A puro dolor (2001), El círculo de Malebolge (2009), Memorias de Ricardo Valdivia (2012), Infortunios y días felices de la familia Imperios Duarte recordados con pusilánime ternura (2012)‒ o novelístico ‒Ruinas (2005)‒ ha adquirido un timbre de voz inconfundible, ocupando un lugar destacado en el panorama actual de la literatura de la República Dominicana.

García Romero, sin renunciar a un ingenio no exento de sorna, elige recoger sus textos al amparo de un enfoque existencialista que ya viene anunciado por los epígrafes tomados de las obras de Hermann Hesse y José Saramago.

 La elección de recorrer con su pluma los pliegues oscuros del ánimo humano repercute inevitablemente en unas tramas que se diluyen para dejar paso a un tono más reflexivo que se interroga acerca de esos universales ‒la soledad, el amor, el tiempo, la muerte, el dolor, la felicidad, etc.‒ que tejen a diario nuestras existencias, aproximando sus creaciones a esas greguerías ligeramente sombrías en las que Ramón Gómez de la Serna seccionaba la condición del individuo con la doble hoja de la socarronería y de la aflicción.

A la vertiente más cómica, donde la sonrisa es una bengala que ilumina la página por el espacio de unos segundos, pertenecen, por ejemplo, Línea de tres ‒«La distancia más corta entre una mujer casada y un hombre que la pretende, demandándole amor, es el esposo que los separa» (p. 31)‒ o Amor irreal ‒«Te amo con toda mi alma, le dijo el hombre. A mano tenía un atlas de Anatomía y buscó concienzudamente entre las láminas, una y otra vez. Ya lo sabía, pero quería cerciorarse: el alma no existe en ninguna parte del cuerpo humano» (p. 51)‒. Otra estratagema ramoniana, presente en el último microcuento citado, es la de jugar con las expresiones idiomáticas del lenguaje, como en Previsión: «Hizo una tormenta en un vaso de agua y pescó un tiburón» (p. 96). Sin embargo, la tónica dominante del volumen es la de una apesadumbrada lucidez, bien ilustrada por los microcuentos “El hijo de Nietzsche” ‒«No creo que Dios esté vivo; y si vive para qué necesita la vida, si ya Jesús murió de acuerdo a su disposición. Sí, ¿de qué le sirve la vida?» (p. 21)‒ o El colector ‒«¿A qué edad descubrió para qué servía la vida? Vivir solo tenía sentido para coleccionar recuerdos» (p. 53)‒. No obstante, no todo es pura resignación o visión abstracta, ya que el autor a veces se moja en la contemporaneidad y la congela en unas instantáneas que logran dar en el clavo en materia de social networks y fast thinking ‒Frase global: «El éxito de Facebook está en que hizo de dos palabras, “me” y “gusta”, la primera frase light de consumo global» (p. 23)‒ o de hiperrealidad mediática ‒Persecución (p. 161)‒, confirmando así que la ficción hiperbreve es hoy en día uno de los mejores anticuerpos que se le pueden suministrar a una sociedad digital con prisas y a todas luces empeñada en confinar la literatura en sus márgenes.

Rafael García Romero y Nan Chevalier lo han comprendido con claridad meridiana: los microrrelatos se cuelan por cualquier resquicio y, como proteínas, soliviantan y curan.

Nota. Este texto tiene una mayor extensión; vino acompañado de una crónica previa, sobre el libro “El domador de fieras y otros nanorrelatos”, del escritor Nan Chevalier. Editora Nacional, Santo Domingo, 2014, que no se incluye por razones que se acogen a un orden particular de reservas del derecho del autor Nan Chevalier; y, fundamentalmente, a un interés de edición.

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Rafael García Romero: Una mirada en la narración

Rafael García Romero: Una mirada en la narración

Por Bruno Rosario Candelier

Leer a Rafael Garcia Romero en Los Ídolos de Amorgos (Santo Domingo, Alfa y Omega, 1993, 170 PP) produce uno de los deleites que puede sentir la persona que ama con fruición la belleza de la narración, la propiedad de las palabras y la armonía de imágenes y estilos expresivos variados, actualizados y elocuentes. Conocí a Rafael García Romero una tarde de julio de 1987 cuando ambos éramos miembros del Jurado Examinador del concurso de Cuentos de Casa de Teatro. Tuve entonces la impresión de estar ante una persona cordial, amable, comunicativa, respetuosa y honrada. Esa impresión se ha confirmado con el paso del tiempo y el trato frecuente y amistoso, que se intensificó a raíz de nuestra participación conjunta en el homenaje a Manuel del Cabral que celebramos en New York con motivos de los ochenta años del poeta nacional. Luego lo Invité a trabajar conmigo en el equipo que dirigíamos las ediciones de Coloquio, donde auspiciamos la promoción de la literatura durante dos años, de 1989 a 1991, promoviendo el desarrollo literario a través de las páginas de ese recordado y añorado Suplemento Cultural  de El  Siglo. Cuando fundamos el Ateneo Insular, en 1990, invité a García Romero a formar parte del grupo Literario “Manuel Valerio”, el primero del ateneo Insular en Santo Domingo. Antes este joven narrador había dirigido el Taller Literario Cesar Vallejo” y había integrado el Círculo de Escritores Dominicanos. Narrador de la promoción literaria de los ´80. Rafael García Romero es uno de los escritores más activos de los del número del Distrito Nacional y en su haber ya cuenta con la publicación de Fisión, El agonista, Antología dos, Bajo el caso y Los ídolos de Amorgos; y entre sus preseas y distinciones figuras al Primer Premio del concurso de Cuentos de Casa de Teatro. Natural de Sn Carlos, uno de los barrios más populosos de la capital dominicana, donde naciera en 1957, este aguerrido promotor cultural es uno de los escritores más sólidos de las últimas  promociones Literarias dominicanas, sobre todo de la promoción a la que pertenece, la de los ´80.

Los narradores de los ´80 han aportado a la narrativa nacional una nueva visión al quehacer literario criollo. Esa nueva visión está fundada en el propio contorno, en la vida y el mundo circulante, en la preocupación que genera la existencia en medio de situaciones críticas, angustiosas y conflictivas carentes de unas motivaciones o proyecciones sin esperanzas o con poco aliciente para el futuro dadas las expectativas que les ha tocado enfrentar o experimentar a la mayoría de los jóvenes de las clase media, con títulos universitarios, en una sociedad dominada por urgencias materiales inaplazables, y esa realidad ineludible es la que ha propiciado entre las nuevas generaciones cierto desconcierto frente a un mundo sin utopías, sin circunstancias y contraejemplos que propician el descreimiento, la falta de fe, la adopción de sustitutos falsos como la droga o los vicios, todo lo cual acrecienta el vacío y la carencia de horizontes y de estímulos que reten la búsqueda creadora o auspicien propuesta incitadoras y estimulantes.

Por eso encontramos en los cuentos de Rafael García Romero a ese hombre desconcertado, urbano anónimo, profesional, moderno, actual, víctima de los convencionalismos, enfrentado a contratiempos y adversidades, enredado en esa madeja social heredada del ambiente y de circunstancias inexorables provenientes de la propia familia o del barrio o del trabajo. De ahí las motivaciones conflictivas un tanto alucinantes que crean los propios personajes para evadir determinadas manifestaciones de la realidad o analizar inquietudes y situaciones presentes.

Parte de ese panorama se aprecia en el embrollo del artista que se siente atrapado en el marasmo de la infecundidad o en el desconcierto de su potencial creador: “La espera acabaría destruyéndolo, las manos ociosas los ojos saltando como una mariposa por el estudio, de un lugar a otro. Quiere estar ahí, ahí cuando llegue algo, una idea, un aviso. La espera acabaría destruyéndolo. Se sentía oprimido, ocupado por un sentimiento de espera absurdo, pero necesario, que nacía del fondo de su ser. Allí en ese lugar, presentía la existencia de una pradera verde, hermosa, rodeada por una maleza cuidada, breve, y unos pinos bebés. También había una casa hermosa y a su lado un jardín. Dentro y fuera de él, el tiempo se bifurca, paralelo. Amenazador. Si el cuadro no llega, pronto morirá todo ahí dentro.  Todo” “(Oficio de misterios“, p. 98).

La de García Romero es una narrativa moderna. Actual, enmarcada dentro de las más avanzadas técnicas narrativas. La narrativa tradicional narraba un hecho, se centraba en la narración de un hecho. La narrativa moderna se funda, naturalmente, en un hecho pero su centro de interés no está en la narración del hecho sino en las consecuencias o las reacciones que ese hecho genera en los personajes que lo ejecutan. Rafael García Romero finca su narración en la reflexión de un hecho.

El autor de Los ídolos de Amorgos toma en cuenta la creación de los personajes, la pertinencia de procedimientos narrativos y las caracterizaciones sicológicas de sus criaturas imaginarias, paralelamente con otros aspectos narrativos. Sobre todo le importa subrayar las connotaciones reflexivas que un acontecimiento genera en los hombres o mujeres protagonistas de sus acciones: “–Hueles a lluvia –me dijo tan pronto entré. Lluvia. Aquella palabra se quedó por un instante metida en mi pensamiento. Trataba de tener una idea aproximada de cómo reinan las palabras, no en los hechos, sino por encima de la razón y de los hombres, por encima del poder y la obcecación. Cualquier actividad del hombre se vertebra a través de la palabra. Hubo gente confundida y pensó que bastaba con juntar muchas hojas y numerarlas. Luego, otros hallaron esas páginas numeradas y en blanco. Tardaron siglos en dar con ellas. Un enigmático regalo, no había duda. Nadie se lo imaginaría. Allí estaban, en el estómago de viejos bocales, sepultados entre muertos principales, junto a tesoros distintos y extraños objetos. ¿Y qué hicieron? Se echaron durante siglos a llenarlas de palabras, a soñar a poblar de una forma recurrente y pacífica, a dar cuenta del caos, a cifrar el misterio del mundo” (“El bocal de seis flores”, p.87).

A todo narrador lo signa un hecho impactante o una dimensión del mundo o de los acontecimientos que atraen su atención o modifican su actividad o su cosmovisión. Se trata de aspectos que moldean la forma de mirar el mundo. La narrativa de Los ídolos de amorgos está signada por la sorpresa de un narrador que se asombra ante las ocurrencias de los seres humanos, y su actitud reflexiva viene pautada por el sentido corporal más recurrente y determinante: la mirada. Su manera de  testimoniar el mundo, su manera de reaccionar ante lo que concita su atención  la da la marida. Mediante la mirada García Romero  escruta el mundo, ausculta facetas entrañables de la realidad, llega hasta las emociones más punzantes y caracteriza personajes y situaciones. Garcia Romero es el narrador de la mirada: de la mirada perspicaz; de la mirada curcuteadora; de la mirada crítica, de la mirada exploratoria; de la mirada totalizante. Y a su través mira a los que miran: “No sabe, pero se quedó mirándola con una mirada que trata de acercar su objetivo, como esas cámaras de cine que poco a poco van haciendo una toma  de primer plano y el rostro va llenando la pantalla hasta un momento en que se tiene una imagen agrandada de nariz, boca, ojos, cuello. Es la mirada de alguien que contempla desde un lugar cualquiera, que espera atento y reconcentra todas sus energías en ese acto de mirar, porque sabe que va a suceder algo” (“Un lunes dúctil, casi suave…”, p.16).

Los personajes en la cuentística de García Romero se mueven entre la desilusión y la nostalgia, los dos polos de los sentimientos que marcan la vida de los humanos. Y es su forma de testimoniar su visión de la existencia, y también, concomitantemente, la de plasmar la humanización del mundo que oblicuamente postula. Los cuentos de García Romero se inspiran en la realidad social de un mundo urbano y moderno, y tienen un perfil sociográfico con cierta proyección antropológica y lingüística como base de sus preocupaciones culturales.

El cuento titulado “El engaño”, ágil, fluyente, sicológico, con una urdimbre en la consecuencia de las ópticas de su centro narrativo: “Todas las mujeres de la muchedumbre, en las calles, caminando por la plaza, en la penumbra de un restorán  cualquiera, parecían ser una sola, idéntica, copiada (algo parecido debió sucederle a Picasso con sus cuadros). Luego, una vez, habituado a mirarlas con detenimiento comenzó a percatarse de las diferencias y saber con exactitud quién era y distinguir a una y otra y no confundirlas más. Por ejemplo, ese toque particular, muy femenino, irrepetible que ponen algunas mujeres en las miradas, como hallarlos otra vez así, en una mujer distinta. Es algo único, donde hasta el color de los ojos termina cómplice. Lo cierto es que había una historia, cada mirada componía una historia diversa. Observar  desde ese día a las mujeres le pareció una tarea fascinante. Descubrió rostros, calidad de miradas y reacciones qué seguir, qué explorar. De pronto la mirada de una mujer se convertía en un reto seductor, lleno de misterios” (“Un lunes dúctil, casi suave…” P.18).

Rafael García Romero procura, en algunos de sus cuentos, auscultar la realidad trascendente, uno de los postulados de la tendencia estética que está abriendo nuevos horizontes a las letras dominicanas. La realidad trascendente es la dimensión suprasensorial de la realidad total y a ella tiene acceso mediante la intuición y la imaginación. Desde luego, la realidad trascendente es la faceta de la realidad menos accesible al hombre, dominado, como está, por el imperio de los sentidos corporales externos y la impronta de la realidad circundante inmediata. Por eso desde antiguo ha habido una preocupación por lo sobrenatural, que complementa la quimérico y lo real objetivo, en consecuencia hay una búsqueda de una “ventana abierta” para penetrar al misterio, a esa faceta entrañable e invisible de lo que vedan los sentidos físicos y que de alguna manera apela al hombre. Por boca de André Bretón los surrealistas aseguraban que existen un cierto punto del espíritu desde el cual la vida y la muerte, lo real y lo imaginario, el pasado y el futuro, lo comunicable y lo incomunicable, dejan de ser percibidos contradictoriamente ya que la realidad es una, hay un continuum en la totalidad, aunque por nuestra limitación perceptiva tenemos una visión fragmentaria de las cosas. Louis Powels y Jacques Berger en El retorno de los brujos (Barcelona, plaza y Janés, 1974, p. 591) hablan de un lugar privilegiado “desde el cual se descubre el velo de todo el universo”. Es el “Punto transfinito” por el cual se accede al más allá y que algunos seres privilegiados por una especial sensibilidad trascendente, o por el don de la revelación, logran comunicarse con esa otra ladera de la realidad.  Rafael García Romero crea aun cuento fundado en esa vertiente de la percepción, en ese  “punto transfinito” que permite contactar lo trascendente: uno de los personajes de “Siempre hay un adiós”, oye voces y con su especial sensibilidad hacia lo desconocido capta murmullos del otro lado: “–¿Y de qué hablaban? –De los múltiples sentidos humanos, de hombres que vivieron en tiempos equivocados, sin saberlo, de lo fatuo que resulta la emoción y los afectos determinados por la relación de los individuos. Ah, y de las contradicciones que se van creando entre ellos, de un individuo a otro, alimentadas por los puntos de vista diferentes, que surgen cuando se ve un objeto desde distintos ángulos. Sí, esa contradicción que nace de la revelación brusca: todos los días lo mismo, pero un momento y determinada posición del objeto, cambia  la historia. La antigua razón, que es voluble y mutante, hace a algunos hombres más lentos. Los audaces saben abandonar a tiempo la barca. No son víctimas de la dualidad y saben renunciar a tiempo de la duda dicotómica. –¿Y de eso hablan? No entiendo nada. –Yo tampoco, te lo adviertí. Tienes que escucharlo. Me abrumó oírlos hablar sobre el enigma de la realidad de lo diverso, el ministerio de lo único” (“Siempre hay un adiós”, PP.64-65).

En otro pasaje de ese mismo cuento se alude al punto de vinculación con el extraño. Hay una persona que capta voces del más allá, penetra auditivamente a la realidad trascendente, y en esa vinculación con lo no sensorial el sujeto de la comunicación se siente apelado por una fuerza superior que lo concita ser  canal o vínculo entre las dimensiones del más allá y las de este lado de la realidad. “Entiéndelo, le dice a su interlocutor”. “Algo me reclama seguir. Debo hacer los arreglos de lugar para no dejar el puesto un instante. Descubrí que en ninguna parte del departamento se escuchan, salvo aquí, como si por accidente, el túnel produjo un agujero aquí, en nuestro departamento, por donde se filtra este trasmallo de voces” (Ibídem, p.67).

Dije que Rafael García Romero fundada su narrativa en la mirada, y su modo de mirar es una forma de explorar el mundo o una manera de fijar la vista en un suceso, un objeto o un acontecimiento, valorando un aspecto de los mismos, pensando a través de la atención visual con que sus ojos aprecian o sitúan lo mirado, o interpretado la realidad con el auxilio de la intuición y la reflexión para dar cuenta de cuanto enfoca su visión. Romero tiene consciencia de su ejercicio narrativo y así lo explaya en el texto final de su libro. Escribe: “Y mirar, como oficio, es una manera de penetrar a la maraña de una historia. Y el que mira y descubre ese punto donde la realidad se tuerce, también mira otras cosas colaterales: se ve a él, fuera de esa historia, acercándose, tocándola, formando parte de ella como uno de sus protagonistas, como inventor de la historia, el gran acomodador de puestos, en otra parte. Fuera del juego. Concientemente fuera. El que puede ver por encima del hombre de los demás. Alguien, el alter ego del narrador, él mismo, en cierto modo, al doblar de imprevistas circunstancias, pero preferiblemente el alter ego, una especie de aura o demiurgo, con una conciencia suprema del poder, capaz de observar de manera simultánea, todas las posibilidades…” (“La quebradura de la realidad”, pp. 166-167).

Rafael García Romero busca perfilar el sentido de la mirada, el papel y la significación que ese poder visual ejerce sobre las cosas y sobre los acontecimientos, por lo cual, como narrador, de mirador del mundo con sus miserias y sus bondades. Y siempre aparece con la antena sensorial dispuesta a observar, calar, escudriñar, escrutar, auscultar y fijar el sentido del mundo o la faceta de sucesos y anécdotas que desentrañan su mirada profunda o su actitud valorativa de lo que sucede en la vida o de lo que sus ojos contemplan y atrapan fijándolo en la madeja de una narrativa que se vuelve densa, cautivamente, ejemplar y significativa. Rafael García Romero es un espectador del mundo. Así lo evidencian los cuentos de Los ídolos de amorgos, obra que viene a potenciar la narrativa dominicana contemporánea.

Santiago de los Caballeros, Casa de Arte

7 de junio de 1994.-

Juan Bosch: cartas escritas en el exilio

Juan Bosch: cartas escritas en el exilio

(5 de 5)

Por Rafael García Romero

(Donde el autor cuenta qué hizo para hallarle editor a su primera obra biográfica “David, biografía de un rey”,  que publicó fuera del país y que apareció en varios idiomas durante su exilio. Son cartas que tienen, o van a tener 50 años de haber sido escritas por los autores involucrados)

No hay forma de explicar y comprender de manera objetiva un periodo tan excitante como ese de varias décadas que permaneció Juan Bosch en el exilio –y de manera específica en su condición de escritor–, si no se recurre a las múltiples historias y episodios que palpitan en una multitud de cartas escritas y enviadas desde todos los países que lo acogieron. Son cartas que hablan de cómo debió emplearse a fondo y vencer múltiples batallas para salir a camino y llevar una vida de dignidad y decoro para él y su familia.

En varias de esas cartas se cuenta la historia del origen de “David, biografía de un rey” una de las obras emblemáticas de Juan Bosch, y de su vasta producción la que primero encontró un traductor. Así que de manera temprana pudo ser leída en otros idiomas. El libro alcanzó un éxito desde su primera edición, halló, contario a otros, un buen traductor y, sobre todo, resultó un gran apoyo económico y aliciente emocional para sus amargos y difíciles días de exilio.

Aquí, en estas cartas está parte de la historia dura y amarga de una biografía que Juan Bosch escribió con mucha ilusión, confiado en que hallaría el destino que había pensado desde el primer momento que la concibió. No resultó así, pero al correr de los años la suerte le sonrió y terminó convirtiéndose en una puerta hacia una comunidad de lectores angloparlantes.

La primera versión del libro la termina de escribir el 26 de septiembre de 1956, pero luego viaja a  Israel para darle los toques finales a la obra. El escritor tenía entonces su domicilio en La Habana, Cuba; y un año después, con un contrato firmado para publicar la obra en Chile, le escribe a su editor, con un inocultable aire de indignación:

Al llegar hoy a La Habana he encontrado su carta del 22 de diciembre del año pasado, la copia que me corresponde del contrato editorial de “David, biografía de un rey”, y un ejemplar de “Cuento de Navidad”.

A primera vista, la impresión que me produjo “Cuento de Navidad” no pudo ser peor. El proyectista de la impresión confundió ese libro con un estudio sobre el desarrollo de la minoría o con una tesis doctoral y escogió el tipo, la distribución de cuerpo y márgenes apropiados para trabajos de esa índole, no para un cuento infantil. Pero al proceder a la lectura la impresión se trasformó en desoladora: No hay derecho hacer con mi cuento lo que ha hecho Zig-Zag, ni a ningún lector se le puede cobrar dinero por ofrecerle una edición plagada de errores tan graves que le hacen perder el sentido a lo escrito. Lo menos que yo esperaba de Zig-Zag es que tuviera un corrector de pruebas, no que se confiara al linotipista que compone el material.

La indignación lo hace tomar una decisión que atentaría contra la primera edición de su libro biográfico; y le responde al editor:

Con esta lamentable experiencia a la vista, le ruego, mi estimado doctor Zañartu, que use sus buenos oficios para que me sean devueltos los originales de “David, biografía de un rey”, cuya publicación no puedo confiar a Ercilla. Para el caso le envío la copia del contrato, a fin de que ésta y el original sean debidamente anulados y se me devuelvan ambos. Espero que sea posible hacer esto sin perjuicios para la Empresa; pero en última instancia prefiero que los tenga Ercilla y no yo. En el caso de “Cuento de Navidad”, Ud. no es capaz de imaginar de qué cuantía son los que me está causando el descuido, realmente increíble, con que fue editado (1).

El editor, desde Chile, le responde:

La carta que usted me ha escrito con fecha 4 del corriente y que sólo ahora puedo contestar porque me encontraba haciendo uso de mis vacaciones, me deja sinceramente desolado.

Aunque usted no me crea, dado las cordiales relaciones de amistad que nos unen y la profunda admiración que usted me inspira como escritor, tuve especial cuidado de que apareciera CUENTO DE NAVIDAD en la mejor forma posible.

Nada es más cierto que en materia de gustos no hay nada escrito, y este es el caso en lo que a la presentación del libro se refiere.

Su proyección y diagramación fue encomendada personalmente por mí a Mauricio Amster, que es el profesional más capacitado de nuestro país para esta clase de trabajos y que no solamente goza de reconocido prestigio en chile sino que cuenta con él en el exterior.

Tal es así, que las principales editoriales de Hispanoamérica y  España, cuando quieran publicar un libro en la forma más cuidada, recurren a los servicios de él, aún cuando son carísimos.

¿No ha observado usted, por ejemplo, que todas las obras del Fondo de Cultura Económica, de México, son proyectadas por Mauricio Amster?

En este caso respeto su apreciación, pues es posible que usted hubiera esperado otra cosa ¿Tal vez una edición ilustrada para niños? Si era esa su intención lamento sinceramente no haberla interpretado. Efectivamente, este su libro es magnífico para los niños, pero como tal vez yo tengo alma y corazón de niño grande pensé que también era admirable para los niños grandes de 15 a 80 años.

Tal fue mi intención al ordenar la proyección del libro, que le confieso en su presentación  me satisface plenamente.

En cuanto a las erratas que usted me dice habrá de señalar, espero con el más vivo interés su envío para cotejarlas.

El libro fue primero acuciosamente corregido por el jefe de nuestra corrección de pruebas. Al decir nuestra corrección de pruebas me refiero a la de Zig-Zag, de la cual puedo enorgullecerme porque es la mejor que existe en América y es reconocida como tal por todos los autores y editores, sin excepción alguna.

Lo lamentable del asunto es que como nuestra capacidad de impresión se encuentra muy reducida, tuvimos que hacer imprimir este libro en otra imprenta que trabaja especialmente para la empresa Ercilla.

Soy el primero en reconocer que sí tienen una corrección de pruebas desastrosa. Tal así, que no confiando en ella no solamente hago revisar los libros por nuestros correctores en galeradas, sino que también en pruebas de trozos y una vez compaginados.

Desgraciadamente, al parecer en este caso nuestras correcciones no fueron  atendidas en debida forma ¿Serán las erratas tan graves como usted dice? Los talleres de la imprenta Hispano-Suiza se encuentran actualmente cerrados por vacaciones, pero es reabren el 1r° de marzo próximo. Inmediatamente que esto suceda y  reciba las indicaciones que usted me anuncia, haré revisar acuciosamente el original suyo con el libro impreso y cotejarlo con las notas que usted me envíe.

Deseo con toda mi alma que no tenga usted la razón, porque si la tuviera realmente no tengo explicación que darle y solamente asumiría por entero la responsabilidad de lo sucedido, en forma personal, con lo cual mucho me temo que nuestras cordiales relaciones de amistad sufran un serio quebranto.

No deseo en modo alguno dejar sin efecto el contrato de edición DE DAVID.   Si he dado un traspiés con la publicación de CUENTOS DE NAVIDAD, le ruego encarecidamente me de oportunidad de reivindicarme ante usted con la edición más cuidada que sea posible hacer de su nueva magnífica obra, que ya se encuentra corregida y que está lista para ser compuesta y esperábamos enviarla a prensa en marzo próximo ¡Qué desgracia!

Reciba usted un afectuoso saludo y un cordial abrazo de su desolado amigo (2).

Acuse de recibo en Chile de “El David”

Recibo el nuevo original de DAVID que llega muy a tiempo, pues precisamente estaban revisando el anterior para iniciar la composición de la obra.

Puede tener la seguridad de que se comprobarán las fuentes de las citas por la obra que nos indica.

En próximo correo volveré sobre el particular (3).

El autor se presenta y ofrece el libro en Nueva York

Soy un escritor de la América Latina bien conocido en los países de lengua española como autor de cuentos, novelas y biografías.

He terminado recientemente una biografía de David, el rey de Israel, que es la primera biografía de ese personaje que se escribe en cualquier idioma sobre bases estrictamente históricas, sin participación de la fantasía.

El manuscrito se halla en español y tiene unas 85.000 palabras, así como dos mapas, que yo mismo tracé, señalando los lugares de Israel vinculados a la vida del rey.

Deseo saber si a Uds. Pueda interesarles una obra de esa naturaleza, entendiendo de antemano que David no figura en mi libro como personaje religioso, sino como político, guerrero, poeta, padre, amigo, amante, estadista, rey; en suma, como el fundador de una dinastía y organizador del reino de Israel.

Les anticipo, además, que deseo entregar los originales sólo sobre la base de un porcentaje en las ventas y que estoy dispuesto a llegar a acuerdos para la publicación del libro en otros idiomas, en la exposición del español y del hebreo. Para la edición hebrea me hallo en correspondencia con la Editorial “Ayanot”, de Tel-Aviv (4).

Carta al editor Juan Liscano

Te envío la nota que me mandaste a Madrid y una versión mía según a mí me gustaría que saliera. Como verás, hay muy contadas y ligeras modificaciones a la tuya.

Te envío también la respuesta a Seghers, y quisiera que tuvieras la gentileza de explicarle que aprovecho que te debía carta para despacharla bajo tu sobre, pues así me ahorro un franqueo aéreo, que en Cuba es muy alto.

¿Podrías preguntarle a Shegers si le interesaría mi novela “El Oro y la Paz”, y en caso afirmativo cuáles condiciones me ofrecería? Por otra parte, ¿por qué no lees el David? La versión que te mandé no es la misma que tenía Couffon, pues numerosas enmiendas en detalles y en la forma de expresión La han mejorado mucho el libro. Es muy probable, además, que el lector de Shegers en cuyas manos cayó no fuera el más apropiado para juzgarlo. Yo soy consciente, Juan Liscano, y te aseguro que el David es uno de esos libros que se escriben pocas  veces; no sólo por que como biografía da el curso de la vida del personaje con toda claridad, y porque abundan los esclarecimientos en puntos clave de la historia del héroe; sino porque los caracteres de todos los personajes están bien delineados y se ve con claridad el papel de esos caracteres en los hechos.

Por sí sola, la vida de David es de un interés enorme: dramática, rica en sucesos y en enseñanza, fecunda en complicaciones de tipo psicológico. Por último, ésa es la única biografía de David que se haya escrita en cualquier lenguaje, y para que te des cuenta del interés que has despertado en la propia Israel, te copio un párrafo de una carta procedente de Tel-Aviv que acabo de recibir. Dice: “Hablé con el representante literario de la editoral “Aynot”, señor Katzenelson, y éste me informó que su obra “David” fue leída por un escritor que domina castellano, el cual también como yo está entusiasmado por ésta su obra clásica y recomendó calurosamente su publicación”. El autor de ese párrafo es un lector de “Ayanot”, llamado Avrham Shmuel Juris.

Como ves, ya estoy en Cuba, Libre del agobiante clima de España, país del cual ha tomado posesión la tristeza. En cuanto a mi tierra, tu amigo Trujillo se halla ahora metido en un lío grave, el asesinato de un aviador norteamericano. Tu otro amigo, el gordo Marcos, está pensando, según noticias que me llegan de Puerto Rico, seguir el ejemplo del Perú. ¿Nos estaremos acercando a una nueva hora de América? Creo que sí.

Nota: Hay dos erratas en El Indio: Pág. 29, última línea que habla aimará; debe decir: “que hablaba aimrá: pág. 46, línea 17: “alzar la voz, gestionando a veces”; debe decir: “alzar la voz, gesticulando a veces”.

Seghers no me habla nada de pagar; yo no lo menciono en mi carta. Pero supongo que está sobrentendido, porque mi oficio es escribir y de eso vivo. (5).

Juan Bosch a su editor de Chile

Tuve el gusto de recibir ayer su carta del 22 de febrero, que por lo visto fue escrita antes de que llegara a sus  manos la mía del 11 de ese mes en la cual iba una larga lista de las erratas de “Cuento de Navidad. Como no he dado una segunda lectura al libro no puedo decirle si hay más erratas, pero como soy el peor corrector del mundo es muy probable que haya algunos más.

No solamente creo, sino estoy seguro de que Ud. trató de dar la mejor presentación a  “Cuento de Navidad”, sólo que encomendó el trabajo al Sr. Amster, que es un buen proyectista de portadas y un buen calculador del número de letras que puedan entrar en una página, pero nada más, Ahí tiene Ud. “La Isla Fascinante”; para leerla hay que destruir el libro, porque el Sr. Amster no tomó en cuenta detalles que el proyectista de un libro tiene que conocer, como por ejemplo grueso del tomo una vez impreso, si va a ser cosido, engrampado o encolado, o para un libro fino. En el caso de “Cuento de Navidad” aplicó la misma distribución del material que para “La Isla Fascinante” a pesar de que eran temas distintos y tipográficamente no podían parecerse un libro de 260 páginas y uno de 110. “Cuento de Navidad”, porque era un libro pequeño, necesitaba cuerpo, y por tanto un tipo de imprenta que diera más páginas y un papel menos prensado. La misma excesiva cantidad de margen al exterior y abajo hace todavía más ridícula la distribución, ya de por sí pequeña debido al tipo escogido por el Sr. Amster.

Hace 25 años,  Manuel Altolaguierre creó en España el estilo “Verónica” que usa el señor  Amster. Era bueno para versos, porque les quitaba la monotonía de la impresión al centro, y bueno para prosa en tipo de cuerpo, de 12 arriba y abierto, con puntos de hojitas y adornos de ese tipo. Pero fracasó para libros corrientes. Ahora lo he hallado en chile impuesto por el Sr. Amtter.

Es una moda española que no cuajó. Jamás ha ganado adeptos en el mundo una moda española porque el gusto de nuestra medre patria no es precisamente bueno.

Hoy otro aspecto de la proyección: la falta de datos sobre el tema o en el autor. Yo supongo, y se lo digo con toda seriedad, que de cada mil posibles lectores latinoamericanos, 975 deben ignorar quién es Juan Bosch. En “Cuento de Navidad” se da por descontado que yo tengo tanto nombre como Shakespeare o Cervantes y que el tema de “Cuentos de Navidad” se conoce tanto como el de “Hamlet” o “Don Quijote”. Ernest Hemingway es premio nobel; pues bien, compre Ud. cualquier libro de Hemingway editado en el año 1956 y verá en la contraportada –por que la solapa no se usa ya debido a que encarece el libro– unas frases diciendo quien es el autor y qué tema trata en la obra. El comprador se anima a comprar  con esa recomendación. A propósito de Hemingway le sugiero comprar un ejemplar de “El Viejo y el Mar” editado en la Argentina hará dos años y verá qué libro salió, tipográficamente hablado, de un cuento que tiene el largo, más o menos, de “Cuento de Navidad”. Como proyecto de edición, este último tiene una sola cosa buena: la portada. Pero con una condición: que sólo puede gustar a adultos de gusto muy fino. No es una portada para ventas grandes.

Ahora va el aspecto de las erratas. Yo me pregunto cuándo volverá a comprar un libro mío el lector que me leyó por vez primera en “Cuento de Navidad. Pues teniendo Zig-Zag el crédito de que su departamento de corrección… (Cortada en el original) (6).

Una carta da cuenta de dos ediciones del “David”, para República Dominicana. Escribe Julio D. Postigo a Juan Bosch:

Recibí las pruebas de “DAVID” y ya estoy en contacto con Peguero hijo.

Hace muchos días visité a dos de sus hermanas, entregándole la nota que Ud. envió conmigo. Posteriormente ellas me han llamado diciéndome que no habían localizado ninguno de sus libros.

Ya había pensado hacer algunos ejemplares en edición de lujo como se hizo en la primera edición de “DAVID”. (7).

Meses después le escribe a Miguel A. Peguero (8), notificándole:

Postigo me hizo saber que ya está terminada la segunda edición del “David”, pero no la he visto. Es importante que le digas a Postigo que de los dos tomos de cuentos debe encuadernar siquiera cien de cada uno igual que el “David”, a fin de tener una pequeña colección pareja (9).

En la carta que reproduzco a continuación el autor presenta el libro a la consideración de Benno Wiser, quien trabajaba en el departamento Latinoamericano de la Agencia Judía para Palestina, con el propósito de que la agencia Judía se hiciera cargo de la edición del libro “bien en español, bien en inglés, bien en otras lenguas”.

Allí le explica:

Supongo que debo a Ud. el servicio de que se me envíe la revista “Israel y América Latina”, que recibo y leo con todo interés. Como digo a menudo, ignoro si provengo de raza judía, pero estoy seguro de que tengo alma judía. Otros reconocen a Grecia o a Roma como los lugares de su origen psíquico; yo declaro que si alguna vez nací fue en la tierra de Judá, por los días de Samuel. El año pasado estuvo allá y reconocí como mía esa patria; sentía crecer, como si yo mismo les hubiera sembrado, los pinos y los naranjales que van poblando las colinas de Jerusalén y los arenales de la costa, y a menudo me sorprendo evocando la vista de Halfa desde el Monte Carmelo o las arboladas avenidas de Tel-Aviv.

La inexplicable sensación de haber vivido muy conscientemente otros tiempos en Palestina fue para mí muy viva sobre todo durante el tiempo que emplee en escribir “David, biografía de un rey”, la única biografía, hasta donde yo sepa, que se ha escrito sobre el afortunado monarca judío. Este libro, escrito el año pasado, esta inédito porque mi experiencia con los editores de la lengua española es la peor imaginable: en el 99 por ciento de los casos son gente sin honorabilidad, que engañan sin conciencia a los escritores, pero tuve la buena suerte de poder anular el contrato, después de mucha lucha, antes de que el libro entrara en prensa, escamado por la publicación de otro libro mío que habían hecho en diciembre pasado. Al ver ese libro, plagado de erratas y editado con olvido total de los acuerdos que habíamos firmado, me negué a que publicara el “David”. Por otra parte, las editoriales latinoamericanas, fieles a la tradición de las españolas, jamás liquidan a los autores.

Ud. dirá que a qué viene que yo le hable de mis pugnas con los editores en español; es que quiero adelantarme a cualquiera idea suya es el sentido de que ofrezca el libro a las editoriales hebreas en español que hay en México y en Buenos Aires.

Mi biografía de David, por lo demás, no es un libro ortodoxo, cosa que disgusta a los judíos de la diáspora, más ortodoxos que la generalidad de los que viven en Palestina. Al lograr establecer el año aproximado del nacimiento de David –que con uno o dos de diferencia fue el de la exaltación de Saúl al reinado–, y consecuentemente poder ordenar en el tiempo la vida de David –de manera que me fue posible determinar cuándo, y en qué  orden, se dieron los hechos de su vida–, hallé que muchos de esos hechos, como el combate con Goliat, jamás se habían producido; que otros, achacados a razones divinas, tenían origen puramente político; y a pesar de que en la biografía la figura de David resulta fascinante –no por méritos del escritor, desde luego, sino del héroe–, tengo la presunción de que una gran parte de los judíos de la diáspora preferirían una biografía de David ajustada a la concepción ortodoxa.

Sin embargo yo estoy contento del libro. En David se resume toda la historia de la Humanidad: era poeta, músico, guerrero, amante, padre apasionado, estadista; tenía un atractivo tan grande que sedujo a sus contemporáneos y sigue seduciendo a los hombres tres mil años después de su muerte. Por lo demás, a su alrededor se movieron grandes caracteres, figuras representativas de las pasiones humanas, como Saúl, Samuel, Jonatán, Joab, Betsabé, Absalón. Tuve la buena suerte de que en todos los casos los caracteres de esas personas quedaran bien delineados en el libro, y en consecuencia, los hechos a que dieron lugar las luchas entre ellos.

Todo se dio en la vida de aquel gran rey: el amor, el interés político, la generosidad, la crueldad, la humildad, la bondad, la ambición. Y sin duda tenían un destino, que era el de su pueblo. Hay en su historia momentos de verdadera grandeza y horas de ternura conmovedora. Ninguno de los héroes griegos llegó a su altura ni tuvo su sorprendente y humana complejidad.

Una copia a maquinilla del libro está actualmente en New York, en manos de la editorial Alfred A. Knopf, Inc, 501, Madison Avenue. Le envié allí para ver si podía interesar para ser traducida al inglés. Si a Ud. le interesa leerla yo escribiría a Knopf para que se la entregaran. Tal vez la agencia Judía tenga manera de editar el libro, bien en español, bien en inglés, bien en otras lenguas. Quizá Ud. podría ponerse en contacto con algún agente interesado en ese tipo de libros.

De ninguna manera, eso sí, pretende esta carta sobrecargar sus obligaciones con algo personal. Si le he escrito tan largamente sobre esta biografía, es porque el héroe es David y entiendo que David debe interesarle a Ud. tanto como a mí. Pero si no le interesa, no crea que va a disgustarme diciéndomelo (10).

La publicación del libro

El tiempo pasó y finalmente, en 1962, se conoce la primera edición de “David, biografía de un rey”.

La primera edición en República Dominicana de “David: biografía de un rey” se hace en1963, a través de Colección Pensamiento Dominicano; y un año después, Julio D. Postigo hace la segunda edición, a través de la  Librería Dominicana, en 1964. Tiene  313 páginas. En 1965 la editorial Chatto &​ Windus publica dos ediciones en Londres. Tiene 224 páginas; y para 1966 lo publica la editorial Hawthorn Books, en Nueva York. La traducción de “David, biografía de un rey” la hizo John Marks, y se edita bajo el título de “David, The Biography of a King”.

En 1967 se publicó de nuevo el libro en Madrid, España. Está hecho en tapa dura, con sobrecubierta ilustrada con una imagen del rey David. Tiene 326 páginas y lo sacó la Editorial CID, a través de su “Colección Yunque”.

Notas

1. Enviada por Juan Bosch a su editor Ramón D. Zañartu O. Santiago de Chile, desde la calle 30, No. 2508, altos, Marianao, La Habana, Cuba. La carta está fechada el 4 de febrero de 1957.

2. Carta enviada por Ramón D. Zañartu a Juan Bosch, que vivía en la  Calle 30, n° 2508, altos, Mariano, La Habana, Cuba, el 22 de febrero de 1957.

3. Carta enviada por Ramón D. Zañartu a Juan Bosch, que vivía en Embajadores 92 3ro. Izquierda, Madrid, España, el 30 de enero de 1957.

4. Enviada por Juan Bosch a Doubleday & Company, Inc., Garden City, New York, que entonces vivía en la calle 30, No. 2508, altos, Marianao, La Habana, Cuba. La carta está fechada el 11 de febrero de 1957.

5. Enviada por Juan Bosch a Juan Liscano, que entonces vivía en la calle 30, No. 2508, altos, Marianao, La Habana, Cuba. La carta está fechada el 12 de febrero de 1957.

6. Enviada por Juan Bosch al editor de Zig-Zag, doctor Ramón O. Zañartu, que entonces vivía en la calle 30, No. 2508, altos, Marianao, La Habana, Cuba. La carta está fechada el 2 de marzo de 1957.

7. Enviada por Julio D. Postigo a Juan Bosch, quien la recibe en San Juan, Puerto Está fechada en Santo Domingo. El 13 de febrero de 1964.

8. A Miguel A. Peguero lo conoció Juan Bosch cuando los dos trabajaban como dependientes de la Casa Lavandero y luego en la Casa Font Gamundi, en el periodo 1923-1927. Era el primer empleo de Bosch en Santo Domingo. En 1933, seis años después, publicaría su primer libro: “Camino real”. La imprenta El Progreso hizo la impresión. El libro tiene, en esa edición, 152 páginas.

9. Enviada por Juan Bosch desde San Juan, Puerto Rico a M.A. Peguero Hijo. Santo Domingo. El 8 de agosto de 1964.

10. Enviada por Juan Bosch al Sr. Benno Wiser (Depto. Latinoamericano de la Agencia Judía para Palestina, 16 East, 66th, St., New York 21, N.Y. EE.UU. de A.), que entonces vivía en la calle 30, No. 2508, altos, Marianao, La Habana, Cuba. La carta está fechada el 7 de octubre de 1957.

Agradecimiento. Las cartas corresponden al “Archivo de Juan Bosch”, disponible en la web. El óleo de la ilustración figura Juan Bosch en profunda reflexión, Esa obra corresponde a Hendrick Gil, artista plástico dominicano.

Juan Bosch: cartas escritas en el exilio

Juan Bosch: cartas escritas en el exilio

(4 de 5)

Por Rafael García Romero

(Donde el autor pone en blanco y negro una singular historia que devela el cuadro de vicisitudes que vivió con un editor de Chile, luego de hacer contacto con él y firmar contrato para poner en marcha sus planes de publicar en el extranjero su “Cuento de Navidad”. Son cartas que tienen, o van a tener 50 años de haber sido escritas por los autores involucrados)

Hay dos cuentos que además de ser muy extensos, cuentan dos historias muy singulares. Son “El indio Manuel Sicuri” y “Cuento de Navidad”. Uno y otro tienen en común que forman parte del conjunto narrativo que escribió Juan Bosch durante su exilio.

El autor tuvo un particular apego por el segundo, ya que estaba convencido que era un cuento excepcional en su producción, pensado, escrito e idealizado para un público lector infantil y juvenil. Ese norte de que los niños hallaran una lectura rica en los valores originarios del mundo, un mundo creado por Dios y donde el nacimiento de Jesús constituye uno de los capítulos más iluminadores, hizo que Juan Bosch dedicara gran parte de su tiempo a buscarle un editor adecuado, que lo acercara, a través de una edición especial, con una tipografía adecuada e ilustraciones tópicas, a ese sector idealizado por él.

La vida real está llena de caminos absurdos y decisiones dolorosas, que cuestan lágrimas negras y se transforman en un océano de frustración que llena el alma. Los grandes sueños de sintonía que tuvo el autor con este “Cuento de Navidad” no se concretizaron. La historia no tuvo un final feliz. Las cartas cruzadas por él y su editor de entonces hablan por sí solas de la gran decepción de Juan Bosch. Adelanto que en cada línea de estas cartas se transparenta un escritor indignado, vejado, herido en su más profunda sensibilidad de creador.

El escritor tenía entonces su domicilio en La Habana, Cuba; y esciribió:

Al llegar hoy a La Habana he encontrado su carta del 22 de diciembre del año pasado, la copia que me corresponde del contrato editorial de “David, biografía de un rey”, y un ejemplar de “Cuento de Navidad”.

A primera vista, la impresión que me produjo “Cuento de Navidad” no pudo ser peor. El proyectista de la impresión confundió ese libro con un estudio sobre el desarrollo de la minoría o con una tesis doctoral y escogió el tipo, la distribución de cuerpo y márgenes apropiados para trabajos de esa índole, no para un cuento infantil. Pero al proceder a la lectura la impresión se trasformó en desoladora: No hay derecho a hacer con mi cuento lo que ha hecho Zig-Zag, ni a ningún lector se le puede cobrar dinero por ofrecerle una edición plagada de errores tan graves que le hacen perder el sentido a lo escrito. Lo menos que yo esperaba de Zig-Zag es que tuviera un corrector de pruebas, no que se confiara al linotipista que compone el material. Y a  fin de que Ud. no tome como exageración lo que digo, le envío el ejemplar de “Cuento de Navidad” que Ud. tuvo la gentileza de mandarme, con las correcciones que le he hecho en una sola lectura.

Como entiendo que un autor está llamado a cobrar porcentaje sobre la venta de su libro tienen que cuidarse de que esas venta le proporcione los beneficios a que es acreedor, y como entiendo que la venta de la edición de “Cuento de Navidad” no puede ser buena porque el libro es tipográficamente defectuoso, en perjuicio de su calidad literaria, me veo en el caso de desautorizar la venta de esa edición y de reclamar que para hacer otra se escoja un proyectista de ediciones que sepa su oficio y sea capaz de apreciar qué diferencia hay entre una conferencia científica y un cuento infantil; que se publique lo que he escrito, no lo que un linotipista entienda que he escrito.

Con esta lamentable experiencia a la vista, le ruego, mi estimado doctor Zañartu, que use sus buenos oficios para que me sean devueltos los originales de “David, biografía de un rey”, cuya publicación no puedo confiar a Ercilla. Para el caso le envío la copia del contrato, a fin de que ésta y el original sean debidamente anulados y se me devuelvan ambos. Espero que sea posible hacer esto sin perjuicios para la Empresa; pero en última instancia prefiero que los tenga Ercilla y no yo. En el caso de “Cuento de Navidad”, Ud. no es capaz de imaginar de qué cuantía son los que me está causando el descuido, realmente increíble, con que fue editado.

No pierdo la esperanza de que en alguna oportunidad Ud. y yo seamos más afortunados en nuestras relaciones comerciales, y, desde luego, en manera alguna deseo que las personales puedan ser afectadas por la infeliz intervención del personal técnico de Zig-Zag, que en lo que se refiere a mí ha actuado con lujosa desaprensión (1).

Pruebas para anulación de contrato

El tamaño de la indignación de Juan Bosch se puede ver en la carta que sigue, donde expone, con un trabajo mecanográfico muy escrupuloso, la prueba que justifica su explosión emocional.

Veamos:

A fin de economizar gastos de franqueo aéreo he decidido no enviarle el ejemplar de “Cuento de Navidad” corregido, como le anunciaba en mi carta del 4 de este mes, sino que le señalaré las siguientes erratas:

Pág. 7 (que es la primera de texto), línea 4: donde dice: “los lados, toda era luz, debe decir: “los lados, todo era luz”;

Pág. 7, línea 17, donde dice: “pequeños de todos mundos”, debe decir: “pequeños de todos los mundos”;

Pág. 11, línea 19, donde dice: aún. El mismo,”, debe decir: “aun Él mismo”;

Pág. 12, línea 11, donde dice: “eso será fácil”, debe decir: “eso era fácil”;

Pág. 14, línea 3, donde dice: “pero lo dijo estalló”, debe decir: “pero lo dijo con tal alegría”, tan vivamente que su vozarrón estalló”;

Pág. 15, línea 17, donde dice: “llamada a ser madre, la”, debe decir; “llamada a ser madre; la madre”;

Pág. 17, línea 10, donde dice: “decir “pronto era como”, debe decir: “decir “pronto” era como;

Pág. 21, línea 18, donde dice: “ya sabes que esa”, debe decir: “ya sabes que ésa”;

Pág. 26, línea 9: le falta la sangría de “punto y aparte”;

Pág. 26, línea 27, donde dice: “poderosos?”, debe decir” “numerosos?”.

Pág. 27  línea 27, le falta la raya que antecede al diálogo;

Pág. 30  línea 26, donde dice: “van a matarlo”, debe decir: “van a morir”;

Pág. 30  línea última, le falta la raya que antecede al diálogo; en la misma línea, donde dice “Señor” debe decir “señor”;

Pág. 31, línea 2, al final, donde dice: “pero lo que suceda”, debe decir: “pero lo que le suceda”;

Pág. 41, línea 17, donde dice: “cabañas que habían por allí”, debe decir: “cabañas que había por allí”;

Pág. 48, línea 5, donde dice: “había dejado sus guerreros”; debe decir: “había dejado a sus guerreros”;

Pág. 52, línea 11, donde dice: “El rey no hizo caso;”, debe decir: “El rey negro no hizo caso”;

Pág. 57, falta una coma al final de la primera línea;

Pág. 59, línea penúltima, sobra una coma después de “--? Pero…”;

Pág. 69, línea 3, la última palabra, debe decir “bondadoso” en vez de bondado”;

Pag. 69, línea 20, debe decir “–Bienvenido” en vez de “–Bien venido”;

Pág. 70, línea 7, le falta la raya que antecede al diálogo;

Pág. 75, línea 25, donde dice: “Señor había despertado;”, debe decir: “Señor Dios había despertado;”;

Pág. 79, línea 10, donde dice: “a que eran codiciosos”, debe decir: “a que eran codiciosas”;

Pág. 84, línea 10, donde dice: “En seguida”, debe decir: “A seguidas”;

Pág. 93, línea 15, donde dice: “sobre un camello”, debe decir: “sobre un camello”;

Pág. 92, línea 8, donde dice: “Puesto que lo noche”, debe decir: “Puesto que la noche”;

Pág. 92, línea 27, la palabra “calmudamente” debe ser “calmadamente”;

Pág. 97, remoqueada;

Pág. 100, remoqueada; además, línea 23, donde dice: “¿Me permite ofrecerla...”, debe decir: “¿Me permiten ofrecerles”;

Pág. 101, remoqueada;

Pág. 103, línea 26, donde dice: “hallaba acostumbrado”, debe decir: “hallaba acostumbrada”;

Pág. 104, remoqueada;

Pág. 105, remoqueada; además, línea 26, donde dice: “tono inconfundible del hombre”, debe decir: “tono inconfundible de hombre”;

Pág. 108, remoqueada;

Pág. 109, remoqueada; además, línea 22, donde dicen: “que entonces despertaban y”, debe decir: “que entonces despertaban, y”;

Como Ud. puede advertir, la lista es larga: 36 en 114 páginas de texto esto es, más del 33%. ¿De qué me vale saber escribir si los editores me presentan como un chambón? En cuanto al proyecto de edición en sí, le daré mis razones sobre su pobreza y atraso si le interesan; si no, prefiero callármelas.

Espero a la mayor brevedad su respuesta sobre la anulación del contrato editorial de “David, biografía de un rey”, pues mientras no sepa que ha sido anulado no puedo ofrecerlo a otros editores, cosa que me perjudica, como Ud. comprenderá. A fin de que evitemos dilaciones le informo que esta triste experiencia con “Cuento de Navidad” ha confirmado la sospecha que tuve con la edición de “Cuba, la Isla Fascinante”, libro en el cual hay más de 200 erratas que yo corregí y que no fueron tomadas en cuenta a la hora del tiraje: El David saldrá tan malo como “Cuento de Navidad” y en general todo libro mío en Chile será tratado en igual forma. ¿Quiere Ud. saber la razón? La presencia de operarios comunistas en todos los talleres tipográficos de Chile. ¿O tiene Ud. otra explicación para lo que ha pasado con “Cuento de Navidad”? Estoy seguro de que no la tiene, porque sería inexplicable que una empresa como Zig-Zag careciera de corrector de pruebas.

Haga sus mejores esfuerzos, Dr. Zañartu, porque sea anulado el contrato del David, y se lo sabrá agradecer de veras su amigo, que le saluda con afecto (2).

El editor chileno se disculpa

A vuelta de varios días el doctor Zañartu envió a Juan Bosch una exquisita pieza de diplomacia y seducción. Intentó una disculpa, y al mismo tiempo, se emplea a fondo para conservar al cliente y el contrato editorial con Zig-Zag.

Escribe:

La carta que usted me ha escrito con fecha 4 del corriente y que sólo ahora puedo contestar porque me encontraba haciendo uso de mis vacaciones, me deja sinceramente desolado.

Aunque usted no me crea, dado las cordiales relaciones de amistad que nos unen y la profunda admiración que usted me inspira como escritor, tuve especial cuidado de que apareciera CUENTO DE NAVIDAD en la mejor forma posible.

Nada es más cierto que en materia de gustos no hay nada escrito, y este es el caso en lo que a la presentación del libro se refiere.

Su proyección y diagramación fue encomendada personalmente por mí a Mauricio Amster, que es el profesional más capacitado de nuestro país para esta clase de trabajos y que no solamente goza de reconocido prestigio en chile sino que cuenta con él en el exterior.

Tal es así, que las principales editoriales de Hispanoamérica y España, cuando quieran publicar un libro en la forma más cuidada, recurren a los servicios de él, aún cuando son carísimos.

¿No ha observado usted, por ejemplo, que todas las obras del Fondo de Cultura Económica, de México, son proyectadas por Mauricio Amster?

En este caso respeto su apreciación, pues es posible que usted hubiera esperado otra cosa ¿Tal vez una edición ilustrada para niños? Si era esa su intención lamento sinceramente no haberla interpretado. Efectivamente, este su libro es magnífico para los niños, pero como tal vez yo tengo alma y corazón de niño grande pensé que también era admirable para los niños grandes de 15 a 80 años.

Tal fue mi intención al ordenar la proyección del libro, que le confieso en su presentación me satisface plenamente.

En cuanto a las erratas que usted me dice habrá de señalar, espero con el más vivo interés su envío para cotejarlas.

El libro fue primero acuciosamente corregido por el jefe de nuestra corrección de pruebas. Al decir nuestra corrección de pruebas me refiero a la de Zig-Zag, de la cual puedo enorgullecerme porque es la mejor que existe en América y es reconocida como tal por todos los autores y editores, sin excepción alguna.

Lo lamentable del asunto es que como nuestra capacidad de impresión se encuentra muy reducida, tuvimos que hacer imprimir este libro en otra imprenta que trabaja especialmente para la empresa Ercilla.

Soy el primero en reconocer que sí tienen una corrección de pruebas desastrosa. Tal así, que no confiando en ella no solamente hago revisar los libros por nuestros correctores en galeradas, sino que también en pruebas de trozos y una vez compaginados.

Desgraciadamente, al parecer en este caso nuestras correcciones no fueron  atendidas en debida forma ¿Serán las erratas tan graves como usted dice? Los talleres de la imprenta Hispano-Suiza se encuentran actualmente cerrados por vacaciones, pero se reabren el 1° de marzo próximo. Inmediatamente que esto suceda y reciba las indicaciones que usted me anuncia, haré revisar acuciosamente el original suyo con el libro impreso y cotejarlo con las notas que usted me envíe.

Deseo con toda mi alma que no tenga usted la razón, porque si la tuviera realmente no tengo explicación que darle y solamente asumiría por entero la responsabilidad de lo sucedido, en forma personal, con lo cual mucho me temo que nuestras cordiales relaciones de amistad sufran un serio quebranto.

No deseo en modo alguno dejar sin efecto el contrato de edición de DAVID. Si he dado un traspiés con la publicación de CUENTOS DE NAVIDAD, le ruego encarecidamente me de  oportunidad de reivindicarme ante usted con la edición más cuidada que sea posible hacer de su nueva magnífica obra, que ya se encuentra corregida y que está lista para ser compuesta y esperábamos enviarla a prensa en marzo próximo. ¡Qué desgracia!

Reciba usted un afectuoso saludo y un cordial abrazo de su desolado amigo (3). 

Notas

  1. Enviada por Juan Bosch a su editor Ramón D. Zañartu, a Santiago de Chile, desde la calle 30, No. 2508, altos, Marianao, La Habana, Cuba. La carta está fechada el 4 de febrero de 1957.
  1. Enviada por Juan Bosch a su editor Ramón D. Zañartu, a Santiago de Chile, desde la calle 30, No. 2508, altos, Marianao, La Habana, Cuba. La carta está fechada el 11 de febrero de 1957.
  1. Enviada a Juan Bosch por su editor Ramón D. Zañartu,  desde Santiago de Chile, a  la calle 30, No. 2508, altos, Marianao, La Habana, Cuba. La carta está fechada el 22 de febrero de 1957.

Agradecimiento. Las cartas corresponden al “Archivo de Juan Bosch”, disponible en la web. El óleo de la ilustración presenta a Juan Bosch fumando y en profunda reflexión, durante su estancia en Benidorm, España. Esa obra corresponde a Hendrick Gil, artista plástico dominicano.

Juan Bosch: cartas escritas en el exilio

Juan Bosch: cartas escritas en el exilio

(3 de 5)

Por Rafael García Romero

(Donde el autor cuenta qué hizo para reunir en tres volúmenes todos sus cuentos, tanto los que escribió en República Dominicana como los que publicó fuera de país y que, con anterioridad, aparecieron en varios libros de la época. Son cartas que tienen, o van a tener 50 años de haber sido escritas por los autores involucrados)

Juan Bosch tomó la iniciativa por los años sesenta de dividir su producción narrativa en dos etapas; y esa decisión se convirtió, con el paso del tiempo, en tres libros emblemáticos. En un primer volumen figura la parte que publicó en el país: “Cuentos escritos antes del exilio”; y otra más extensa, que escribió en el extranjero, en los dos siguientes: “Cuentos escritos en el exilio” y “Más cuentos escritos en el exilio”.Desde entonces se publican y reimprimen bajo estos tres títulos todos sus cuentos.

La iniciativa tomó cuerpo a partir de una carta que le envió a M.A. Peguero Hijo, que dice:

Tal vez tú recuerdes mejor que yo cuándo empezaron a publicarse cuentos míos. Debe haber sido en 1928-1929, cuando Elio Alcántara estaba en el “Listín”. De todas maneras, como se publicaron solo en ediciones dominicales, y el trabajo de revisarlas no es tan largo como si se tratara de ver las ediciones diarias, tal vez tú puedas ayudarme en este propósito: buscar los cuentos que no sean los que van en la lista que te mando, y hacer que  esos que no están en la lista sean copiados por algún mecanógrafo a quien le giraré lo que tú acuerdes con él.Pero además del “Listín” debes revisar “Bahoruco”, a partir de 1931. Ahí se publicaron varios cuentos míos que no figuran en libros. (Digo 1931, incluido ese año) y una revista que se llamó “Alma Dominicana”. Necesito ese material para preparar un tomo de “Cuentos escritos antes del Exilio”. De esa manera, todos mis cuentos quedarán reunidos en tres tomos, con más o menos unas 800 páginas (1).En esa fecha ya estaban publicados los dos volúmenes de cuentos anteriores. Y le recomienda a Peguero: Acuérdate de repasar las pruebas de “Más cuentos escritos en el exilio”. (Julio D.) Postigo me hizo saber que ya está terminada la segunda edición del “David”, pero no la he visto. Es importante que le digas a Postigo que de los dos tomos de cuentos debe encuadernar siquiera cien de cada uno igual que el “David”, a fin de tener una pequeña colección pareja.

En la nota, al pie de la carta, el autor escribe una advertencia: los siguientes cuentos no deben copiarse, pues los tengo: La mujer, Revolución, Papá Juan, Sombras, El alzado, La pájara, El algarrobo, Forzados, El cuchillo, Cundito, Guaraguaos, La sangre, Lucero, Lo mejor, San Andrés, Bumbo, La negación, Camino Real, Dos pesos de agua, La verdad, Chucho, El cobarde, El resguardo, Piloncito, La pulpería. En total 25 cuentos; y todos figuran en el último libro de la triada que publicó: “Cuentos escritos antes del exilio”.

En una segunda carta le escribe planteándole la misma idea a otro amigo de la época; y que además, le ayudaba con alguna bibliografía interesante, y que solicitaba constantemente Bosch para sus investigaciones fuera del país.En esa carta que dirige el escritor a Emilio Rodríguez Demorizi (2) informa sobre la impresionante demanda de sus obras, que gracias a la “Librería Dominicana”, se publican en el país, al mismo tiempo que busca editores en los distintos países donde sienta residencia temporal. Allí plantea Juan Bosch: (Julio D.) Postigo acaba de anunciarme que la semana que viene saldrá un nuevo libro mío: “Más cuentos escritos en el exilio”. En el “Listín Diario” y en la revista “Bahoruco” hay una serie de cuentos míos publicados, si mal no recuerdo, a partir de 1928 o 1929 en el “Listín”, y a partir del 1931 en “Bahoruco”. ¿Podrías tú ayudarme en la recopilación de ese material que necesitaría para un tercer libro: “Cuentos escritos antes del exilio”?La carta resulta reveladora, ya que muchos críticos, bibliógrafos e historiadores contemporáneos de la literatura podrían tener la idea falsa de que esos libros fueron publicados de acuerdo a un orden rigurosamente cronológico. No resultó así. Aquí podemos observar que los primeros cuentos publicados en República Dominicana, y que corresponden a “Cuentos escritos antes del exilio”, fueron recogidos en el último libro de la serie; y cómo el autor no solo tuvo la iniciativa, sino que además orquestó el trabajo de recopilación para, finalmente, reunir toda su narrativa.

En la carta enviada a Don Schmidt (3), un importante editor norteamericano, Bosch revela cuál era su producción literaria hasta ese momento.

Escribe: La lista de mis libros de cuentos es la siguiente: “Camino real”, “Dos pesos de agua”, “Ocho cuentos”, “La muchacha de la Guaira”, “Cuento de Navidad”. En “Cuentos escritos en el exilio” aparecen cuentos que figuran en “Dos pesos de agua”, en “Ocho cuentos”, en “La muchacha de la Guaira y el “Cuento de Navidad”. En este momento la Librería Dominicana, calle Mercedes, Santo Domingo, República Dominicana, está lanzando al mercado otro volumen llamado “Más cuentos escritos en el exilio”, también con cuentos de “Dos pesos de agua”, “Ocho cuentos” y “La muchacha de la Guaira”; y el año que viene se publicará “Cuentos escritos antes del exilio” en que figurarán los cuentos de “Camino real”, “Dos pesos de agua, otros de “Ocho cuentos” y varios que no han sido editados en ningún volumen.

A eso agrega: Otros libros míos son: “Bolívar, biografía para escolares”, “David, biografía de un rey”. Los dos textos puede conseguirlos en la Librería Dominicana. Ensayos o estudios: “Judas Iscariote, el calumniado”, “Trujillo, causas de una tiranía sin ejemplo”, “crisis de la democracia en América en la República Dominicana”, “Cuba, la isla fascinante”; creo que los cuatro puede conseguirlos en la misma librería. De “La Mañosa” (novela) e “Indios” (ensayo histórico) no puede conseguir ya ejemplares en ninguna parte.

En una última parte de esa carta agrega que están sin publicar: “El Oro y la Paz” (novela) y “Orígenes y resultados de la guerra social venezolana de 1812-1814” (estudio histórico), dos libros que he escrito en estos últimos meses.

El libro “Orígenes y resultados de la guerra social venezolana de 1812-1814” sería publicado varios años después con el título definitivo de “Simón Bolívar y la guerra social”.

Hay una autobiografía muy interesante en esa carta enviada a Don Schmidt y que Juan Bosch escribió así: Nací en La Vega, República Dominicana, el 30 de junio de 1909, hijo de padre catalán y de madre puertorriqueña. Mi padre que había llegado al país como albañil era un pequeño comerciante cuando nací. Mi primer exilio comenzó en Puerto Rico en el año 1937 y se prolongó 24 años durante los cuales viví en varios países de América, sobre todo en Cuba, Venezuela, Chile, Costa Rica, Bolivia y México. De ahí que en mi obra haya temas de varios países latinoamericanos.La idea editorial de Juan Bosch resultó tan revolucionaria que todavía hoy se mantiene la misma fórmula de presentación y mercadeo para la publicación de los cuentos del autor de “La Mañosa”. Todo sigue igual, salvo por el diseño de la portada y la variedad de imágenes de las ediciones modernas, que inicialmente, remitía a un sentido dominicano, debido a los rombos sobrepuestos rojo, blanco y azul, que se convirtieron en el emblema de las primeras ediciones durante décadas.El tiempo ha demostrado la eficacia de ese criterio de reunión del conjunto narrativo; y resultó tan sólida y poderosa que veremos a “Cuentos escritos antes del exilio”, “Cuentos escritos en el exilio” y “Más cuentos escritos en el exilio” publicados y reimpresos por muchos años.

Notas 

  1.  Enviada por Juan Bosch desde San Juan. PR. a M.A. Peguero Hijo, que vivía en República Dominicana. Está fechada el 8 de agosto de 1964).
  2. Juan Bosch envió la carta desde Río Piedras, Puerto Rico, a Emilio Rodríguez Demorizi, Calle Mercedes, Santo Domingo, República Dominicana. Está fechada el 17  de noviembre, 1964).
  3. Enviada por Juan Bosch desde Río Piedras, Puerto Rico, a Don Schmidt, a la dirección 950 Lincoln St.Wooster Ohio, United States. Está fechada el 17 de noviembre de 1964).

Agradecimiento. Las cartas forman parte del “Archivo de Juan Bosch”, disponible en la web. El óleo de la ilustración, donde figura Juan Bosch con su característico pelo blanco,  rodeado de nubes; y corresponde al laureado artista plástico dominicano Miguel Núñez.

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Juan Bosch: cartas escritas en el exilio

Juan Bosch: cartas escritas en el exilio

(2 de 5)

Por Rafael García Romero

(Donde el autor cuenta cómo escribió la versión definitiva, en 13 días, de su novela “El oro y la paz”, en Puerto Rico; y que originalmente empezó a escribir en Cuba, luego de trabajar apuntes tomados en Bolivia en 1955 y Chile en 1956. Son cartas que tienen, o van a tener 50 años de haber sido escritas por los autores involucrados)

El primer coloquio sobre “El Oro y la Paz”, de Juan Bosch, lo organizó el intelectual y académico, Bruno Rosario Candelier cuando se dio a conocer la primera edición dominicana de la novela. La actividad contó con la participación de Adriano Miguel Tejada, Cipriano Ibáñez, Amiro Cordero Saleta, y Apolinar Núñez. En su momento cada uno de los  ponentes escogió un tema sobre esa importante obra del escritor vegano, y que desarrolló en el lapso de 20 minutos. Ese encuentro contó con la presencia del autor, Juan Bosch.

El acto se celebró en Moca, en el Teatro Don Bosco, el 21 de marzo de 1976. Eran los días en que Juan Bosch estaba inmerso en la formación ideológica del Peledeísmo con el ideal liberador y la orientación ética de su visión social y política.

El texto que leyó Bruno Rosario Candelier en el coloquio fue publicado en su libro “La narrativa de Juan Bosch”, y que afortunadamente tengo en mi biblioteca.

En torno a esa novela hay una historia que no conocía Bruno Rosario Candelier y nadie del panel, a la hora de hacer ese coloquio; y que tampoco reveló Juan Bosch esa noche. Se trata de cómo reescribió la obra hasta llevarla a la versión que se conoce hoy en día, luego de “trece días de trabajo febril” en Puerto Rico.

La carta que transcribo resulta altamente reveladora; y con ella, pongo punto final a esta parte sobre los orígenes de esta segunda y última novela escrita en 1957 y publicada, cosa curiosa, en 1975, fecha que se consigue invirtiendo los dos últimos años de la fecha original de cuando la escribió su autor en Cuba.

La carta dice así:

Si ustedes no fueran escritores estarían pensando que desde los días de Adán no ha nacido hombre más ingrato que yo, pero como son escritores se explicarán mi silencio o cuando les diga que entre el día 13 y ayer, día 25, reescribí –y prácticamente escribí de nuevo– “El Oro y la Paz”; y a fin de que hablen por mí los papeles –para hacer bueno el cuento del árabe: “ Papelitos Hablan”–pongo al correo junto con esta carta, pero en paquete separado, una copia del manuscrito original, tal como ha salido en esos trece días de trabajo febril.

Voy a contarles la aventura: Suprimí varios capítulos de la versión original; unos los reduje a párrafos que dispersé dentro de otros capítulos, otros fueron aniquilados como enemigos malos; la totalidad del libro fue reducida página por página suprimiendo todo lo que me pareció superfluo. ¿Por qué? Pues porque he querido darle a la novela el mismo interés que tienen las novelas de detectives o policiales, conservar al mismo tiempo los valores psicológicos que faltan en este tipo de novelas, acentuar la tensión del cuento en un ensayo de técnica cuentística para muchos capítulos, y a la vez preservar los valores filosóficos que me propuse tratar en el libro.

Todo esto puede dar por resultado un híbrido, y los híbridos tienen virtudes y sus defectos, como podemos ver en el ser humano que es un híbrido del demonio y de los ángeles. Pero en la fiebre del trabajo a mí no me han resultado fácil discernir si mi híbrido es malo o peor; y por eso se lo envío a Abel para que lo lea y me diga: “Te equivocaste, Juan; no es peor, es peorísimo”. Pero si a pesar de eso cree que Knopf puede publicarlo –¿y por qué no, si en el mundo se hacen todo los días cosas malas y hasta se cometen crímenes? –, que le pase el manuscrito –o mecanoscrito, para ser verídico—a Cameron, cuya dirección no tengo.

Puede que ustedes hallen algunas faltas y erratas, lo cual se explica porque yo soy mecanógrafo de oídas. Por favor, si hay alguna gruesa, me la anotan para corregirla. Y ya acabo con “El Oro y la Paz”.

Ahora voy a la paz sola, a la paz sin límites que disfruté—y disfrutamos todos los de la tribu Bosch—en West Woods. Tal vez sólo de una manera podría decirlo: West woods y el cariño de ustedes, la generosidad y finura de ustedes, me quitaron años de arriba y me sacaron de las venas un cansancio viejo que venía arrastrando desde no sé cuándo, y en su lugar pusieron una luz que da alegría y da entusiasmo y necesidad de crear algo bello.

Ayer llegaron las fotos, ¿y saben ustedes cuál fue la que más me gusto? Pues la de la casa; porque la casa era el paisaje y ustedes en él, la casa era los Árboles secos de hojas y virilmente amables,  la chimenea condenada que echaba humo pero nos reunía a charlar.

¡Ah esa casa blanca de west Woods –o Westwoods, si les parece–, ya inolvidable para Carmen, Barbarita, Patricio y yo; inolvidable como si fuera la casa donde se tuvo una infancia feliz.

Doris, Abel: gracias.

Cuenten con el cariño de

Juan Bosch

  1. Enviada por Juan Bosch desde Río Piedras, Puerto Rico, a Doris y Abel, a quienes solo identifica como escritores, sin ofrecer en la carta los apellidos de los destinatarios. Entonces el autor de “El oro y la paz” vivía en Puerto Rico. La carta está fechada el 26 de enero de 1964).

Agradecimiento. La carta corresponde al “Archivo de Juan Bosch”, disponible en la web. El óleo de la ilustración, donde figura Juan Bosch con el patricio Juan Pablo Duarte de fondo, ya que esta carta –escrita el 26 de enero– coincide con la fecha de su nacimiento, corresponde al laureado artista plástico dominicano Miguel Núñez.

Juan Bosch: cartas escritas en el exilio

Juan Bosch: cartas escritas en el exilio

Por Rafael García Romero

(1 de 5)

(Donde el autor cuenta qué pasó con su novela “El oro y la paz” antes de ser publicada. Son cartas que tienen, o van a tener 50 años de haber sido escritas por los autores involucrados)

No voy a hacer ningún comentario de introducción sobre estas cartas, solo que se tratan de documentos que ponen de manifiesto, una vez más, que la palabra escrita tiene la particularidad de viajar a través del tiempo y las fronteras de la nostalgia y el recuerdo para traer como nuevo algo que ya se dijo en el pasado.

Dos informaciones saltan a la vista. Primero, la contratación como Escritor Residente de Juan Bosch en la Universidad de Puerto Rico; y segundo, la permanente labor que hizo durante varias décadas con esta Universidad y distintas casas editoriales para hallarle destino a muchos de sus libros. En la asegunda mitad del siglo pasado era muy difícil contar con el respaldo de un agente literario. En su caso, exiliado, solo y sin contar con más recursos que su intelecto, quién mejor que él para hacer ese trabajo. En tal condición, precisamente,  “El oro y la paz”, fue uno de sus libros con el que más insistió para hallarle mercado, mucho antes de tener terminada la versión definitiva que se conoce hoy.

Las palabras nunca alcanzan  –dijo Julio Cortázar – cuando lo que hay que decir desborda el alma. A través de estas cartas escritas en el exilio se cuenta esa historia hasta el desborde de un escritor que tuvo que vivir en el exilio y sujetar su oficio a esa condición de desarraigo. Oficio que pudo desarrollar, y dejó sus frutos, gracias a los brazos de la solidaridad (y el apoyo necesario), que a veces llegó espontáneamente y otras veces consiguió librando batallas existenciales, separado de la familia y tocando innúmeras puertas.

Primeras noticias de “El oro y la paz”

Acuso de recibo de su carta de fecha 26 de septiembre próximo pasado y de los mapas para su obra DAVID, que son muy buenos.

Les vamos a hacer arreglar aquí. El libro ha sido aprobado por nuestro consejo Editorial y le adjuntamos a la presente Ercilla; firma subsidiaria nuestra, a quien hemos cedido nuestra colección biografías. La obra será programada para 1957.

Respeto a su obra EL ORO y LA PAZ, tenemos sumo interés en conocerla y le rogamos nos envíe el original para su estudio tan pronto lo termine (1).

Retira la novela de un concurso literario

Soy autor de la novela “El Oro y la Paz”, que bajo el seudónimo de Patricio Gaviño fue enviada al concurso de O’Cruzeiro, según figura en la lista que aparece en el número de la revista correspondiente al 16 de febrero.

Como el resultado del concurso ha sido demorado para mediados de abril, según informa O’Cruzeiro, le agradeceré dar las órdenes pertinentes para que “El oro y la paz” sea retirada. He resuelto transformar el último capítulo a fin de darle un final más lógico, y si resultara premiada me vería forzado a aceptar que se publicara con el final que no es ya el que le he dado.

Espero que tenga usted la gentileza de complacerme y que esta decisión mía no causara ningún perjuicio ni a Ud. ni a O’Cruzeiro ni al Concurso.

Atentamente le saluda

Juan Bosch Gaviño

Carnet No. 1565 de la Asociación Nacional

de Profesionales Publicitarios de Cuba

Nota: Doy bajo mi firma el número de mi carnet para que pueda comprobarse que soy el autor de “El Oro y la Paz” cotejándolo con el que aparece en el sobre cerrado enviado con los tres originales de la novela (2).

Informa sobre original de la novela

Le dejo, con ésta, los originales de “Resultados continentales de una Guerra Social”, un ensayo de interpretación histórica que tal vez pueda explicar por qué Bolívar se lanzó por América a liberar pueblos.

Este es el primer fruto de mi trabajo como Escritor Residente de la Universidad, posición que debo a su generosa actitud con los intelectuales forzados a vivir fuera de su ambiente nacional. Espero poder presentarle en el mes que viene los originales de una novela y en el mes de junio los de un libro que hasta ahora tiene el título de “Inventario Dominicano: 1961-1963” (3).

Historia de su origen

Tengo el gusto de enviarle con la Dra. María Teresa Quidiello la versión definitiva y el borrador original de mi novela “El Oro y la Paz”.

El borrador fue escrito en La Habana, Cuba, en los primeros meses del año 1957. Parte del final de ese borrador se perdió, así como las notas que había tomado en 1955 en Bolivia y Chile, las notas que había escrito en Chile hacia 1956 para definir el carácter de cada uno de los personajes, y el plan de la novela hecho en La Habana en enero de 1957, todos los cuales quedaron en La Habana cuando salí de allí en 1958. Me hubiera gustado poder hacerle envío de ese material porque de esa manera podría seguirse paso a paso la evolución de una novela, ya sea pobre como la mía, ya sea buena o excelente como las de muchos autores conocidos.

En la novela hay un personaje norteamericano; como podrá Ud. ver a partir de la página 98 del borrador original, ese personaje que en la versión definitiva se llama John Caldwell y es natural de Sharon, Connecticut, se llamaba en 1957 John Kennedy, natural de Boston… y moría –y muere– de un tiro en la cabeza disparado por una loca. Debo advertirle que en 1957 yo no tenía idea de que existiera un político llamado John F. Kennedy, y si en aquella época resolví cambiarle el nombre, fue porque advertí que Kennedy es un apellido irlandés, los irlandeses son católicos y mi personaje no era católico.

Como parte de mi trabajo aquí he escrito –y se encuentra en manos de los editores– “Crisis de la Democracia de América en la República Dominicana”, el cual tendré el gusto de poner en sus manos oportunamente. Creo que este trabajo, reunido con “Trujillo: Causas de una Tiranía sin Ejemplo”, puede ser útil para el estudio de los problemas del Caribe y al mismo tiempo para estudios de Sociología de muchos países.

Volviendo a “El Oro y la Paz”, quiero informarle que desde 1957 no había tenido tiempo ni humor para dedicarme a escribir la versión definitiva, y que si lo he hecho ahora se ha debido sobre todo al generoso respaldo que me ha dado, por su decisión, la Universidad de Puerto Rico (4).

La novela sigue inédita

En una minuciosa carta que escribe en noviembre de1964 hace un inventario de todos sus libros publicados e informa: Están sin publicar: “El Oro y la Paz” (novela) y “Orígenes y Resultados de la Guerra Social Venezolana de 1812-1814” (estudio histórico), dos libros que he escrito en estos últimos meses.

A través de los años mantendría el título original de la novela, pero el estudio histórico que anunció entonces terminó publicándolo con el título “Bolívar y la guerra social”. Esta primera información de la existencia de “El oro y la paz” entra en contradicción con otras cartas fechadas posteriormente, una de ellas enviada a Jaime Benítez, donde establece que la idea inicial del libro nació en Bolivia y Chile, por los años 1955 y 1956, respectivamente; y ya para principios de 1957 empezó a escribir el original en Cuba (5).

Informa que es “Escritor Residente” en Puerto Rico

Le envío con esta una copia del original de “Crisis de la Democracia de América en la República Dominicana”, libro terminado hace dos meses y medio y escrito gracias a las facilidades que ha proporcionado la Universidad de Puerto Rico al contratarnos como escritor residente.

Debo decirle que como he hecho arreglos para su edición inmediata, la obra está ya en vías de publicación en México; y desearía saber cuántos ejemplares necesitaría la Universidad.

Creo que “Creo que Crisis de la Democracia de la República Dominicana” podría complacer, con un libro mío anterior -Trujillo: Causas de una tiranía sin ejemplo”-, un curso sobre la República Dominicana, la cual podría ser interés en el departamento de estudios del Caribe de la Universidad. Se ser así pongo  a disposición de Ud. El último de esos dos libros para que sea editado por la Universidad, por separado o junto con el que ahora tengo el placer de enviarle (6).

Solicita información sobre la novela

No he recibido noticias suyas sobre “EL ORO Y LA PAZ”, y aunque supongo que se debe a preocupaciones y problemas de toda índole podría deberse dar también a que usted no ha tenido ninguna decisión sobre la publicación de esa obra.

Me gustaría que me dijera algo al respecto. Mi nuevo apartamento de correo es P. B. Box 22577, Univeraity Station. Rio Piedras, Puerto Rico (7).

Últimas noticias de la novela

En la cronología que figura en las Obras Completas de Juan Bosch (Primera edición, Tomo 1, narrativa, pág 19, Editora Corripio 2000) figura un dato erróneo. Dice “Durante el año 1964: Bosch termina de escribir, en enero, “El oro y la paz”; en abril “Bolívar y la guerra social”, y a finales de julio, “Crisis de la democracia de América en la República Dominicana”. En cuanto a la novela, según las cartas que doy a conocer del propio auto,r no fue así.

La primera edición hecha en República Dominicana de “El oro y la paz” data de 1975, impresa por la editora Alfa & Omega. En esa edición figura una nota, al final de la novela, que “oficializa” la fecha de inicio de la novela; La Habana, marzo de 1957; y la fecha de su final: Aguas Buenas, Puerto Rico, enero de 1964. Dato que de manera ciega tomaron los editores de las obras completas.

La novela se mantuvo inédita por 19 años, periodo durante el cual su autor hizo varias correcciones al texto original, que inició en Cuba en 1957 y concluyó en Puerto Rico en 1964, según su propio testimonio. Un año después de haberse publicado, el 24 de abril de 1976, el gobierno dominicano, a través de la Secretaría de Estado de Educación, Bellas Artes y Cultos, le concede a Juan Bosch por “El oro y la paz” el Premio Nacional de Novela.

Notas 

  1. Enviada a Juan Bosch, quien residía en Roma en la Pensioné Maria Adelaide Via Maria Adelaide 6. Remite Ramón Zanaitu Onage, director de Editora Zigzag, sito en Av, Santa María No. 76, Santiago de Chile. Enviada el 23 de octubre de 1956).
  2.  Enviada por Juan Bosch desde la calle N, # 330, Entre 23 y 25, Apt. 12. El Vedado, La Habana, Cuba, a Wilson Aguiar, Revista O’Cruzeiro. (Edición en Español). Rua de Livramiento 203, Rio de Janeiro,  Brasil. Está fechada el 14 de marzo de 1958).
  3.  Enviada por Juan Bosch desde Aguas Buenas, Puerto Rico, al rector de la Universidad del país, Jaime Benítez, el 29 de abril de 1964).
  4.  Enviada por Juan Bosch desde San Juan, Puerto Rico a Jaime Benítez, Rector de la Universidad, en Río Piedras. Escrita el 6 de septiembre de 1964).
  5. Enviada por Juan Bosch desde Río Piedras, Puerto Rico, a Don Schimidt. A la dirección 950 Lincoln St. Wooster Ohio. United States, fechada el 17 de noviembre del 1964).
  6.  Enviada por Juan Bosch desde Aguas Buenas, Puerto Rico, al rector de la Universidad del país, Jaime Benítez, el 16 de octubre de 1964).
  7. Enviada por Juan Bosch desde Río Piedras, Puerto Rico, a Gaetano Massa, gerente de Las Americas Publishing Company, sito entonces en 152 East 23 Street, New York 10. M. Y. Está fechada el 12 de noviembre, 1964).

Agradecimiento. Las cartas corresponden al “Archivo de Juan Bosch”, disponible en la web. El óleo de la ilustración, donde figura Juan Bosch con el educador puertorriqueño Eugenio María de Hostos, corresponde al laureado artista plástico dominicano Miguel Núñez.

Instrucciones para convertirse en una personalidad

Instrucciones para convertirse en una personalidad

Por Rafael García Romero

Alguna vez te preguntaste cómo un ser humano asciende desde su condición más simple, crece, acumula éxito, irradia energía, hace de la felicidad su plato del día y toda una comunidad delira por él y termina acogiéndolo y aceptándolo tal como es.

Cuando eso sucede ya esa persona se ha convertido en una personalidad. Es una figura, atrae un aluvión de miradas y despierta el interés, silenciosamente, de toda la concurrencia.

Las personalidades son monarcas sin coronas y todos somos sus vasallos, ya que con una simple mirada o un aplauso inducido terminamos formando parte de su corte, y sin darnos cuenta nos abraza su descomunal energía personal.

A muchos les cuesta pasar del sueño a la realidad. Apenas se ponen el vestido parecen un personaje... algo no funciona, causan admiración y risa, pero se quedan en una especie de término medio, sin completar el ciclo. No consiguen convertirse en una personalidad.

La transformación requiere de un meticuloso proceso. Aquí ofrecemos, si quieres dar el paso, algunas pautas para que te conviertas en una auténtica e incuestionable personalidad.

No improvises o intentes hacerlo con premura y de manera caprichosa. Identifica el tipo de personalidad que quieres ser, trabaja vínculos y cualidades para aquilatarte en cuanto a respeto, temor, admiración, poder, supremacía y fortuna. Enfócate en lo que quieres, date tu tiempo y trabaja con tesón para conseguirlo.

Un primer paso. Tienes que suscribirte a todos los periódicos importantes, contar con servicio de internet y cable. Así conoces el mundo de los grandes eventos y trazas un plan maestro para que los anfitriones incluyan tu nombre entre los invitados. Gana amigos. No olvides que vives en un mundo nuevo. Abre tu página de Facebook. Eso marca tu presencia de manera permanente en la web y cuantos espacios sociales ayuden a su causa.

Acumula puntos y comentarios de aceptación. Haz los arreglos de lugar para que, indefectiblemente, el diario de mayor circulación incluya tu nombre entre los cinco primeros natalicios del día.

No cometas el error de ser puntual en las recepciones. Una vez que llegues escoge un lugar estratégico y busca,  con un discreto barrido de mirada, los grupos de mayor realce y boato. Fíjate en el movimiento de los cronistas sociales, ayuda mucho cuando no sabes quién es quién. Asegúrate una o dos fotos claves. Tendrás mayor provecho si te haces un espacio, en los dos puestos anteriores al último del grupo. Cierra ese momento con una sonrisa desplegada a los concurrentes, aunque no los conozcas.

Un detalle de vital importancia: luego de la foto, saluda con mucha amabilidad a los periodistas y entrégales tu tarjeta personal.

Una personalidad aprende a mostrar su luz en público, pero impone reservas y cuida férreamente los corredores y afluentes que llevan a su vida privada.

Una sonrisa oportuna siempre resulta eficaz, se impone sin argumento. Una personalidad nunca puede cerrarse puertas. Todo lo contrario, se emplea a fondo para  hacer cada día nuevos caminos.

En tu plan nunca intentes copiar un modelo de personalidad, no adoptes peinados, gafas, ropas o maquillajes, solo proponte ser diferente y consíguelo. Si lo haces nadie lo pasará por alto en una reunión.

Evita una compañía permanente. Muévete de un grupo a otro, sin soltar la sonrisa. No celebres los chistes, pero mantén una expresión facial que denote tu alto interés por lo que se dice.

Espera en silencio que alguien del colectivo solicite tu punto de vista. Nunca cometas el error de adelantarte y decir: yo soy de opinión...

En un restaurante tienes que imponer tu presencia. De entrada anuncia que deseas conocer al capitán de los camareros, preséntate y haz que lea para tus invitados, en voz alta, los tres platos principales del menú. A continuación pídele sugerencias, pero decídete y ordena otro plato, totalmente diferente.

A pesar de todo el éxito acumulado, debes saber que un aspirante a personalidad nunca debe acomodarse a ese engañoso peldaño que le ofrece seguridad, como si fuera una embarcación frágil, que necesita un puerto de resguardo. No te impongas límites, sube hasta donde puedas… si la escalera continúa.

Avanza con precaución. Una personalidad no es un artista de escenario, no se presenta para cultivar aplausos. Hallará en su trayectoria miradas, silencios de reconocimiento, murmullos, abrazos y efusivos saludos con palmoteo de hombros y muchas sonrisas, de mujeres y admiradores, que caen como un aluvión a su paso.

Nunca levantes la voz para reclamarle un extravío a alguien, y evita a toda costa utilizar la triste y célebre frase: ¿Usted no sabe quién soy yo?

Y, finalmente, no se te ocurra vincular tu “personalidad” a valores de autenticidad.

Eso no cuenta y no tiene cabida en tus planes inmediatos. En el mundo al que quieres entrar de nada sirve ser autentico. Vale más desaprender todo lo que aprendiste como parte de la muchedumbre, en tu condición de persona y simple ciudadano.

Los seres humanos no nacen con un destino marcado. La personalidad se hace, y con el tiempo se aquilata. Ensaya tu nueva impostura, súmate a los espacios de tu preferencia, y todo el tiempo que lo demande, hasta lograr un estado de perfección. No desmayes hasta que la felicidad se convierta en tu plato del día.

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